Ponerse a ver en Televisión una bonita película navideña llena de actores conocidos puede suponer pasar un rato agradable, sin una pretensión mayor, o detenerse a pensar en esas viejas glorias que se mezclan con repartos corales elevando el nombre de actores que están en camino a lograr el ansiado puesto de leyendas con las que comparten plano. Robert De Niro y Michelle Pfeiffer son dos de los intérpretes de Noche de fin de año, el mosaico bien intencionado con el que Garry Marshall intentaba, sin lograrlo, volver a coger las riendas del Cine comercial que lo llevaron al éxito en los años noventa gracias a Pretty Woman

Que Robert De Niro lleva años en declive artístico es algo ya sabido, tanto que lo raro es encontrar una película donde el actor llegue a los niveles que lo hicieron célebre, cosa que sí ocurre en La gran estafa americana, donde se limita a realizar uno de los cameos más espectaculares de los últimos años, pero que Michelle Pfeiffer no intervenga desde hace décadas en una película que tenga la calidad de muchas de las que antaño protagonizó es algo que no se considera tan a menudo.

Habría, por lo tanto, que analizar las razones de que la gran actriz no comparta el podio que bien podría ocupar junto a la Julia Roberts de la cinta de Garry Marshall, quien, ella sí, continúa ocupando un liderazgo sonado en Hollywood.

Pfeiffer reinó en la gran pantalla en los ochenta y los noventa, en Lady halcón, Las amistades peligrosas, Los fabulosos Baker boys o Un día inolvidable, otra comedia romántica en la que tenía a George Clooney como pareja. Películas todas ellas, y unas cuantas más, que son iconos de la cultura audiovisual norteamericana en las que demostraba un talento que ni siquiera su evidente belleza puede esconder. Pero los años pasan y en Holywood el declive del atractivo físico en las mujeres es algo que se perdona con menos margen que en el caso de los hombres, y aunque ellos también pasan por la cirugía no es una solución que garantice nada, como hemos visto con Nicole Kidman, al contrario, puede ser hasta perjudicial, pero la mayoría acepta enfrentarse al reto.

También la maternidad ha sido determinante para la actriz, quien bajó la regularidad de su trabajo desde que su matrimonio con el productor David E. Kelley, con el que tiene un hijo biológico y una niña adoptada, se llevara a cabo. Aunque posiblemente lo más llamativo de su carrera no hayan sido las películas que ha hecho, sino las que ha rechazado, ya que en su filmografía podrían encontrarse El silencio de los corderos, de no haberle parecido demasiado oscura, Instinto básico, Casino, Evita, Mamma Mía!, Ghost, Algunos hombres buenos o la ya citada Pretty woman, que Marshall ofreció antes que a Julia.

Con un historial así y una comparación con las películas que sí eligió hacer se comprende un poco mejor que la estrella de Pfeiffer no brille cuanto debería sino lo que la propia actriz se permite a sí misma resplandecer, que no es demasiado.

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