“Dime con quién andas, y te diré quién eres” afirma el refraneroespañol. Pues bien, Uberto Pasolini, se hace eco de este aforismo castizo y lointerpreta como: dime cómo una sociedad trata a sus pobres y te diréqué calidad de sociedad eres. Así de vertiginoso puede ser el trazadode su último film, que lleva su sello personal. Cuenta la historia de unfuncionario que se dedica a buscar a los familiares de la gente máspobre y solitaria de la ciudad londinense. Para narrarla, él mismoacompañó a un funcionario que desempeñaba esa labor.

Fue una experienciamuy fuerte”, afirmó.

El motivo no fue otro que la propia experiencia de verseimbuido en dramáticas situaciones de pleno olvido, no solo por sus familiares,sino por la propia sociedad. Es más, él mismo presenció escenas en el tanatoriode la plena soledad en la que eran enterradas algunas personas: “Hubo vecesen que yo era la única persona presente en un entierro”, afirma compungido.

Aunque la película no trata fundamentalmente de la soledad ode la muerte, lo cierto es que hace un retrato bastante realista de lasrelaciones que se establecen entre las personas de los países desarrollados.Soledad y aislamiento serían los apelativos con los que mejor puede expresarseel tipo de sociedad que hemos construido.

Parece que en el orden de prioridades nunca está en la cimala vida de los demás. Nuestros vecinos no existen, son grandes desconocidos. Eltrabajo ocupa la mayor parte de nuestro tiempo y apenas podemos balbucear unretrato parecido de nuestra propia existencia.

Hay muchos ingredientes en esta película de sesgosocial y reflexiva. El propio productor y director, Pasolini, afirma que lacalidad de una sociedad se mide por cómo trata a los más débiles.

Por susfrutos los conoceréis”, reza una cita evangélica. Y, efectivamente, elcineasta no quiere pasar de lado este aspecto fundamental en la película. Todaella gira alrededor de una mirada agonizante, testimonial, directa, de lasmiles de personas que no cuentan en este sistema de producción mercantilista.Esta gente ha sido “tirada a la cuneta” del olvido y de los derechossociales.

Uberto quiere reivindicar el valor de la generosidady del altruismo, a pesar de que las cosas no se estén haciendo bien.

Tratarmal a los ancianos, a los enfermos y a los muertos es una clara muestra de queno se están cumpliendo los objetivos de una sociedad que debería ser debienestar y no de malestar. Invita a los espectadores a que se pongan, como élmismo se puso, en la piel de esta gente para poder entender esa grave situacióny empezar el cambio por los más necesitados y olvidados. ¡Que aproveche!  

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