Y el 9-N llegó. Todas las amenazas de sacar los tanques a la calle, tomar Cataluña por parte del ejército, retirar todas las urnas y meter a todo el mundo en la cárcel, por desobediencia civil, y todas las cosas más o menos sorprendentes que se han tenido que escuchar en las últimas horas, al parecer, no se han cumplido en absoluto. Los colegios que han colocado las urnas, esas cajas de cartón que tantas burlas han generado por parte de los que apoyan la unión nacional de España, han abierto a las 07:30 como tenían previsto, con la presencia de los Mossos de Escuadra, y los voluntarios han preparado sus puestos y los han ocupado para empezar a recoger votos en cuanto se abrieran las puertas, a las 09:00, a los ciudadanos que estaban deseando votar.

El "simulacro inútil y estéril", como lo ha calificado fuentes del gobierno español, se iniciaba con total normalidad, sin incidentes, con un total respeto hacia los demás, aguantando largas colas hasta alcanzar la mesa en la que cada uno debía depositar su voto. Nada hacía temer que el día pudiera complicarse con la aparición de las fuerzas policiales incautando todas las urnas y toda la información sobre los ciudadanos que han ido, "de motu proprio" y sin que nadie les haya forzado a hacer nada en contra de su voluntad, ni que el ejército hiciera acto de presencia para ejercer su fuerza militar y acabar con todas las aspiraciones de una gran parte de la ciudadanía catalana.

Y al final, así ha sido. Todo ha ido perfectamente bien, con corrección, prácticamente sin incidentes, salvo algunas anécdotas como la producida por una señora que se ha presentado ante la mesa que presidía Oriol Junqueras, presidente de ERC, líder de la oposición en el govern catalán y, según todos los indicios, el próximo presidente de la Generalitat, y le ha gritado "¡¡Esto es ilegal, Cataluña es de España!!", y en breves segundos ha sido acompañada al exterior por agentes de la policía autonómica.

En otro colegio han entrado un grupo de extrema derecha rompiendo las urnas y las papeletas, y en un colegio de Cardedeu, al hacer el recuento de los votos, un sobre contenía un polvo blanco y una nota en la que decía alguien que firmaba como "España Una, Grande, Libre" algo que pretendía hacerles creer que era anthrax u otro polvo que iba a acabar con sus vidas, siendo "los primeros mártires de la república bananera de Cataluña".

Salvo esas demostraciones de ausencia de civismo, todo ha ido completamente como estaba previsto, dentro de los cauces normales de unas elecciones autonómicas cualesquiera, con la única diferencia que, en esta ocasión por obligación tras las dos suspensiones interpuestas por el tribunal Constitucional a petición directa del gobierno de Mariano Rajoy, carecía el resultado de valor legal y jurídico como la Generalitat y los partidos a favor de la soberanía catalana hubieran querido.

Los resultados finales aún están por conocer, pero lo más importante es saber cuántos catalanes estarían a favor de una posible independencia, ya que esa masa ciudadana será similar a la cantidad que votará, en las próximas elecciones autonómicas, por los partidos que presenten en sus programas la independencia de Cataluña. Y esto podría suponer que dicha independencia se haría realidad poco tiempo después, ya que en esa ocasión, las elecciones sí tendrían validez jurídica y serían totalmente legales.

Ahora sólo queda esperar qué reacciones tendrá mañana el gobierno español y, sobre todo, qué publicará la prensa internacional, que ha estado presente en esta jornada interesados en lo que hoy pudiera suceder.

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