Yo era un niño cuando aún mandaba en este país un personaje histórico que no cito directamente, sólo diré que su apellido es el nombre de algunas monedas europeas, una de ellas vigente en Suiza.

Sus partidarios lo llaman “Caudillo”, “La espada más limpia de Occidente” (vamos, el eslogan de un detergente) o “Providencial enviado de Dios” (o sea, enviado especial de Le Monde), y era común en su tiempo utilizar un lenguaje florido y pleno de frases rimbombantes para glosar sus presuntos logros, que no tenían que envidiar al obsesivo culto a la personalidad de dictadores como Stalin. O le hacían retratos épicos con más disfraces que Mortadelo y más aventuras que Superman.

La juventud actual tuvo la suerte de no nacer cuando él aun gobernaba y haber vivido en las libertades que él ignoró durante su larga dictadura. La censura que él aplicó ayudó a una terrible moral puritana que entre otras barbaridades hacía que obras maestras de la Literatura universal como “Madame Bovary” de Gustave Flaubert estuvieran casi prohibidas hasta la vuelta de la Democracia. A él le quedaría muy bien un chiste del programa “El Intermedio”, que dice: “Era tan retrógrado que cuando veía un episodio de la serie ‘Isabel’ creía que era el Telediario”.

Consiguió que la mayoría de los habitantes de este país, muchísimos más que lo que él y sus partidarios dicen, se fijaran en las maravillas de cualquier otro país, de sus libertades, de que hubiera divorcio para los matrimonios fracasados irremediablemente, incluso de que el adulterio fuera una especie de bendición divina en muchos casos… Todo con tal de olvidarse de que vivían aquí. Pocos veíamos que quisieran ser de la “Reserva Espiritual de Occidente”. Más bien preferían ser de alguna Reserva India de los EEUU, sin duda con más libertades entre sus miembros. Y a medida que pasaban los años y las costumbres se liberalizaban, más patético y más ridículo era este personaje y su Gobierno ante ello. Poco a poco sus visiones de decencia se ignoraban por anticuadas. Por esto se entiende el erotismo tan presente en los primeros años de democracia, ahora normalizado.

Trató fatal a sus súbditos, bien, sólo a los que no pensaban como él ni tenían las mismas costumbres que él o su prepotente esposa. Aun no se ha conseguido arreglar el agravio de los miles de ejecutados, desaparecidos o encarcelados, o que desperdiciaron la mitad de su vida escondiéndose, o que tuvieron que exiliarse, morir en otros países, en donde incluso fueron halagados por gente de ideas aparentemente parecidas a las de nuestro dictador.

En los primeros años de su dictadura sólo recibió el apoyo incondicional de “colegas” como Hitler y Mussolini, y cayó en desgracia cuando ellos ya no estaban. Pero tuvo la suerte de que la Guerra Fría le convirtió en un aliado de Occidente, del Occidente democrático, quizá un mal menor, y bases de EEUU se establecieron en el país. Eso sí, sólo cuando el Presidente de EEUU era republicano y no demócrata, le hacía una visita oficial. Cuando era demócrata, no venía. Kennedy lo ejemplificó en su famosa gira europea, prefiriendo antes visitar el Muro de Berlín que la “Reserva Espiritual”.

Algunos han querido lavar su imagen en los libros de historia, y no conseguirán que quede como Napoleón, que pasó de un dictador autoproclamado Emperador a un héroe nacional para sus compatriotas. El corso tenía más visión de mundo que el dictador que cito en este artículo. 

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