Tal día como hoy, un 19 de noviembre de 1933, fue la primera ocasión en que las mujeresespañolas pudieron ejercer el derecho al voto.

El derecho lo reconoció la Constitución de laSegunda República Española en el año 1931. Este texto fue debatido por lasCortes constituyentes surgidas tras la dimisión de Primo de Rivera y provocóencendidos debates acerca de las “facultades” de la Mujer para ejercer el voto.

Paradójicamente las posiciones hostiles aeste derecho surgieron de algunos de los partidos de izquierda de entonces. Caberecordar a uno de los diputados que más se señaló en intentar impedir que lasmujeres pudiesen votar.

Este fue el gallego Roberto Novoa Santos, elegido por la Federación RepublicanaGallega, que integraba entre otros a la organización ORGA fundada por CasaresQuiroga con la participación de las Irmandades da Fala.

La intervención de Novoa Santos en ese debatepodría pasar a la historia de las opiniones machistas. Así, tras preguntarsepor qué habría que concederle a la mujer los mismos títulos y los mismosderechos que al hombre señalaba: “¿Sonorganismos igualmente capacitados?”. Para a continuación explicar que lamujer era “todo pasión” y “todo sensibilidad” pero que, lamentablemente, carecíade reflexión, espíritu crítico y ponderación. Virtudes estas que “no domina”. Acontinuación hacía partícipe al resto de los diputados de interesantísimas teoríasclínicas tales como que “el histerismono es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer”.

Tras estas ocurrencias subyacía también eltemor a que las mujeres, a las que se tenía bajo la presión de la iglesia,fuesen un brazo electoral de esta. El mismo miedo lo tenía una de las únicastres diputadas en las Cortes, VictoriaKent, quien pidió varias veces, sin éxito, aplazar el sufragio femenino pero,en este caso, no cuestionando su capacidad, sino la oportunidad.

Para Victoria Kent, la adhesión mayoritariade las mujeres a los principios de la iglesia, ponía en riesgo la existencia dela recién nacida república. Previamente, millón y medio de mujeres católicas habíanfirmado un escrito que pedía el cambio de la Constitución para respetar los “derechosde la Iglesia”.

Las mismas tesis defendía la diputada del PSOE Margarita Nelken.

Sin embargo, posiblemente gracias a ladefensa de Clara Campoamor, lapropuesta salió adelante por 161 votos a favor contra 121. Clara Campoamormanifestó entonces que “la única manerade madurarse para el ejercicio de la libertad… es caminar dentro de ella”.

El sufragio femenino no tuvo desgraciadamente mucho camino. Y sería en 1936 la segunda y última vez que podrían ejercitar el votolibre por la llegada de la dictadura franquista, que no solo impidió elejercicio del derecho al voto libre, sino que impuso un rancio patriarcadosexista que hizo retroceder siglos la lucha feminista por la igualdad. 

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