Han pasado ya cuatro días desde el día D.Desde el día de la consulta, pseudoconsulta o como quieran llamarla. Cuatro días desde que unos dicen que Mas ganó la partida a Rajoy mientras que otros apuntan que han pasado esos cuatro días desde que se realizó aquél paripé. Para unos éxito y para otros fracaso, estas calificaciones sólo describe lo mismo a lo que estamos acostumbrados: nadie pierde.

Lo que está claro es que ni el gobierno de la Generalitat pudo hacer lo que quería, ni Rajoy y el Tribunal Constitucional pudieron evitar que los catalanes, de una u otra forma, manifestaran su sentir a través de una votación (más o menos legítima).

Está claro también que la alianza independentista sabía desde el principio de la imposibilidad de realizar aquel pretendido referéndum sobre la #Independencia, de modo que la hoja de ruta estaba más que claramente trazada, pues todo el proceso ha transcurrido dentro de los cauces imaginados desde el principio. Era un tira y afloja en el que ni unos ni otros iban a poder evitar lo que otro quería evitar.

Por un lado, siempre he considerado que conocer la voluntad del pueblo es algo de lo más democrático, e incluso diría que se trata de un buen ejercicio de ciudadanía. El gobierno central (y con él, otros partidos como Ciutadans, UPyD o el PSOE) no piensa lo mismo, seguramente por ese factor paralizante que juega tan malas pasadas: el miedo. Creo, humildemente, que se ha tenido miedo, miedo a un posible y miedo a tener que enfrentarse de verdad con un asunto de Estado tan importante como es el deseo de secesión de un territorio del Estado.

Vídeos destacados del día

El hecho de haberlo tildado como ilegal (cierto dentro del marco constitucional) no ha sido, ni más ni menos, que una muestra de la voluntad de no mover ni un dedo, y es que la Constitución no es (o al menos no debería) inamovible.

Con todo, este miedo a enfrentarse a uno de lo que podría ser uno de los asuntos más complicados de esta joven democracia, no está después de la consulta justificado. Los resultados, con las cifras en la mano, han mostrado que aquellos que han apostado por la independencia son los mismos que el número de votantes de los partidos soberanistas, por lo que nada excepcional se ha producido estos últimos años a ese respecto. El énfasis independentista no se ha duplicado desde las últimas elecciones y no se observa ningún aumento considerable en el número de quienes desean la independencia.

¿Podría estar el ejectivo más tranquilo si hubiera permitido la consulta? ¿serían ahora capaces de autorizarla teniendo en cuenta los resultados? Sea como fuere, y por mucho que los independentistas pretendan forzar un pacto como si algo hubiera ocurrido, lo cierto es que pocas cosas han cambiado tras el 9-N porque al final, la normalidad democrática de unas elecciones no marcan más que la voluntad de la ciudadanía, una ciudadanía que parece haber demostrado que quiere que las cosas sigan, territorialmente hablando, como hasta ahora. #Cataluña