Todo aficionado a los juegos de rol de manual, hoja de papel y bolígrafo sabe lo complicado y lo enriquecedor que resulta vivir durante unas horas en esos mundos en los que nos introducen juegos como puedan ser “Dungeons & Dragons”, “Mundo de tinieblas” (“Vampiro: La Mascarada” sería el mejor ejemplo de este sistema) o “7º Mar”. Son juegos en los que las peleas son un momento en el que los personajes pueden morir de manera habitual. Son juegos en los que una mala planificación de una pelea, en la que, sencillamente, se lance todo lo que se tiene contra el enemigo, puede acabar con tu hoja de personaje en el montón de los personajes que eran prometedores pero no sobrevivieron a una pelea mal planteada por ti.

Este es un tipo de juego que no se suele trasladar a las videoconsolas. Siempre se tiende a tratar de suavizar los requisitos para que solo los jefes finales puedan ser un problema grave. Es muy típico que contra los personajes más normalitos nos enfrentemos casi con ansia de sacarle toda la experiencia y objetos que podamos. Sin embargo no se muestra la dificultad y el peligro que representan o el miedo que en un mundo como ese sentiría tu personaje. Estamos hablando del hijo de un granjero que decide buscar aventuras y se pone a perseguir ratas de dos metros de altura armado con un palo porque no les tiene ningún miedo. Se ha perdido la sensación de que esa rata te pueda tomar seriamente por su cena.

Esto, en parte, se ha hecho para atraer al gran público, ese que no quiere dificultades y solo quiere ver cómo brilla la armadura de su paladín nivel 100.

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La mayor parte de los jugadores RPG virtuales quieren cazar lobos gigantes con facilidad y pasarlo algo mal con un dragón de nivel alto. No quieren pasarlo mal con el lobo gigante, no digamos ya con una manada de ellos, y que ir solos a por el dragón sea una locura. Y eso a pesar de que un dragón no deja de ser un reptil gigante, blindado con escamas de más ancho que tu propio brazo y que escupen fuego mejor que un lanzallamas.

Es por ello que es de agradecer que un estudio, especialmente uno pequeño, decida apostar por juegos que de verdad representan un desafío para el jugador experimentado. Además, en este caso ese estudio es español, afincado en Madrid, y ha logrado llevar el juego adelante con el crowdfuding. Son los chicos de Numantian Games y el juego no es otro que “Lords of Xulima” un juego que ya apunta maneras desde que nació de las opiniones de muchos. #Videojuegos