Popularmente conocida, la frase apunta a que "las apariencias engañan". Esto puede ser muy cierto, sin ir muy lejos hay evidencias en el mundo de la política que quien parecía de una manera, después resultó ser de otra. No obstante, más allá de que se sepa que las apariencias no son buenas consejeras, es real que la mayoría de las personas asocia lo que ve en un individuo con aquello que no se exterioriza en la fisonomía. Este fue el punto de partida para un grupo de investigadores de la Universidad VU de Amsterdam, quienes observaban que las personas se guían por algunos rasgos físicos para determinar la capacidad de liderazgo que podía tener.

El resultado, publicado en Frontiers in Neuroscience Humano indica que se prefieren los aspectos sanos a los inteligentes.

El análisis se basó en un trabajo de campo en el que se les solicitó a hombres y mujeres -148 en total - que eligieran a una persona que demuestre aptitudes para llevar adelante la gestión de una empresa. Para la elección debían observar una serie de fotografías de los posibles candidatos, de las cuales muchas de ellas habían sido retocadas digitalmente para modificar su aspecto y que pareciera otra persona.

El resultado fue contundente: los rostros con más aceptación fueron los que tenían aspectos más saludables a partir del color y textura de su piel (69%). Sin embargo, cuando se les pidió que escogieran a un líder capaz de llevar con éxito situaciones diplomáticas y de negociación específicamente, las caras ganadoras fueron las que parecían ser más inteligentes. Los rostros sirven para que mentalmente se vayan conformando listas a priori de cómo puede ser una persona.

El tamaño de sus ojos y nariz, el color de piel, labios y sonrisas, ángulos de la cara, todo junto crea imágenes mentales acerca de la personalidad y las aptitudes de un sujeto, cuando ni siquiera se lo conoce.

El estudio que desarrolló el equipo de la Universidad de Amsterdam es un ejemplo de que lo exterior en un individuo tiene peso a la hora de las decisiones. Como sucede con los gestos, ahora con los rostros, y también con la manera de vestirse, la apariencia en su conjunto también comunica.

A diferencia de la indumentaria, por desgracia la portación de cara es única, aunque la cirugía estética sirva de ayuda en algunos casos.

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