Parece mentira que a estas alturas del siglo XXI se haya producido uno de los hitos más importantes en el campo de ciencias de la salud y la nutrición. Al igual que ocurrió hace aproximadamente unos 400 años, cuando se decía que la Tierra era el centro del Universo, una reciente investigación de 2014 ha roto por completo los esquemas que actualmente se tienen sobre uno de los temas más presentes en la sociedad, siendo la relación entre las grasas y el engordar.

Según un reciente informe realizado por American Heart Association -una de las asociaciones con mayor prestigio a nivel internacional en cardiología-, las grasas que ingerimos al comer no son la causa de los típicos michelines ni de posibles ataques al corazón que podamos sufrir.

Esta asociación ha publicado un informe en la revista National Institutes of Health, en el cual dos grupos de pacientes se dividen en una dieta baja en grasas con predominio de hidratos de carbono y otro grupo con una dieta alta en grasas y proteínas y baja en hidratos de carbono.

Transcurrido un año, los resultados demuestran que los pacientes que siguieron una dieta alta en grasas y proteínas y baja en hidratos de carbono tuvieron más beneficios que los que siguieron el otro tipo de dieta. De esta forma, el primer grupo de pacientes experimentó varios beneficios: un aumento del colesterol bueno, una pérdida de grasa y aumento de masa muscular, así como una reducción del riesgo a sufrir un ataque al corazón.

Todo lo anterior desmonta la llamada hipótesis lipídica, la cual se dio a conocer durante los años 70. Esta hipótesis señala que cuando se baja el colesterol en sangre se reducen las enfermedades cardiovasculares. Pues bien, esta hipótesis no es del todo cierta.

Para entenderlo de forma sencilla, en el cuerpo humano tenemos dos tipos de colesterol: el bueno y el malo, también llamados HDL (del inglés High Density Lipoprotein) y LDL (Low Density Lipoprotein) respectivamente.

Pues bien, el infarto o las enfermedades cardiovasculares se producen cuando el colesterol malo (LDL) se acumula en las arterias y si no llega a tiempo el colesterol bueno (HDL) pueden llevar a obstruir el vaso por completo. Es decir, el problema surge cuando los niveles de LDL superan a los niveles de HDL.

El error de creer que las grasas engordan surge durante los años 70, cuando se realizaron erróneos estudios sobre nutrición y dietética. Uno de los principales culpables en esta falsa hipótesis fue Ancel Keys, el cual llevó acabo el Estudio de los Siete Países, con la finalidad de establecer unas pautas dietéticas claras a nivel global. El error de este estudio fue principalmente el no contar con otros factores como el consumo de azúcar, alcohol o tabaco.

Las conclusiones de este estudio se convirtieron en una especie de dogma e incluso hoy en día se siguen aplicando con total libertad. Por ejemplo, frases típicas que siempre hemos escuchado como "si usted es obeso no coma grasa" o "si tiene más michelines de la cuenta reduzca las grasas".

¿Estaremos hoy en día ante uno de los descubrimientos más importantes del campo de la nutrición? El tiempo dirá...

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