La Infanta Doña Cristina ha sido eximida del delito de blanqueo de capitales en la trama corrupta donde se investigaba a la empresa Aizoom, y ha quedado imputada por delitos fiscales como socia de Iñaki Urdangarían, su marido, a quien ya se le han sumado otros 10 delitos contra la hacienda pública. La hermana del Rey Felipe VI queda en manos del juez Castro quien puede sentarla, o no, en el banquillo de los acusados.

Hasta aquí la crónica del día, que puede ampliarse y leerse con mayores detalles en cualquier periódico nacional y hasta internacional.

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En esta columna de opinión, más allá de las novedades que día a día salpican el escenario político e institucional del país con más y más casos de corrupción, es la actitud de los poderes establecidos para negar, cuando ya no han podido ocultar, faltas y graves delitos, todos punibles, en la utilización de fondos públicos para fines privados o en la malversación de los mismos.

Entonces, los abogados de la Infanta Cristina se muestran "sorprendidos", pensando que se iban a levantar todas las acusaciones que pesaban sobre ella y afirman que recurrirán por los dos delitos que quedan, como si realmente se estuviera cometiendo "una injusticia desde la justicia respecto a la infanta".

Todo ciudadano tiene derecho a la presunción de inocencia, la Infanta Cristina también. Lo que sucede es que estamos hablando de un miembro de la Corona, una institución tan importante y "necesaria" para España - así lo dice la Constitución Española cuando se refiere a una Monarquía Parlamentaria donde el Rey es el jefe de Estado- como para que cualquiera de sus miembros, por más pariente lejano que fuera de los que mandan mantenga un comportamiento ejemplar.

En este sentido Felipe VI no hace declaraciones.

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Ante la opinión pública se niega a nombrar a su hermana Cristina y menos aún a Iñaki Urdangarín, su cuñado; declara que la Casa Real respetará las decisiones judiciales, como si se pudiera hacer otra cosa, pero, aunque la Infanta ya no sea miembro de la Familia Real y de los españoles ya no cobre sueldo alguno, jamás reconocerá Felipe que hermana y cuñado , cuando Iñaki era "uno de los nuestros", traficaron con influencias precisamente por el privilegio de estar emparentados con la realeza.

Es más que obvio que Felipe VI nunca hablará en contra de su hermana, ni se pronunciará sobre la "desvergüenza" en su propia casa pero la contradicción no se puede ocultar.

Es más, en cuanta oportunidad tiene, como en el discurso de los Premios Príncesa de Asturias -porque Felipe es Marca España- y está puesto allí para éso, realiza soberbios discursos, moralizantes y ejemplares, sobre honradez, valores y ética cívica u ciudadana. Para que todo esto fuera creíble en la Casa Real, o en el despacho del Rey Felipe, ya que han quitado los cuadros de la Infanta Cristina con Don Iñaqui del comedor de los Borbones, podrían hacer un poco más y colgar uno que dijera "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago".