Decidir acabar con tu propia vida no es nada fácil. Los médicos te anunciaron un tumor inoperable en el cerebro que poco a poco, te convertirá en un lastre para los que te quieren. No recordarás sus nombres, ni sus caras. El sufrimiento y el dolor formarán parte de tus últimos días de vida. Por el contrario, aún, la lucidez no te abandona. Anunciaste tu suicidio asistido, tu eutanasia, para el uno de noviembre. Pero aún es demasiado temprano para emprender tu último viaje. Algo parecido a esto fue lo que seguro pasó por la cabeza de Brittany Maynard, la joven de 29 años, enferma terminal que deseaba morir, de forma asistida por unos fármacos recetados para tal efecto, en EEUU.

El suicidio asistido, legal sólo en cinco de los estados de EEUU, sigue creando controversia a muchos niveles. ¿Qué poder posee una persona para atentar contra su propia vida? ¿Es mejor tener una muerte digna que una vida larga llena de malestar y sufrimiento agonizante? ¿Tiene que tener derecho el estado a vetar la decisión tomada por el enfermo en plena posesión de sus facultades? ¿Suicidarse es una forma de llamar la atención? ¿Es el suicidio la única manera de dar a conocer al mundo que no se debería obligar a nadie a prolongar su vida de forma incompleta sólo por una cuestión religiosa o moral?

La eutanasia es la forma de ayudar a dar por finalizada una vida que ha sido desahuciada por los facultativos facilitando una muerte digna con el fin conseguir un final sin sufrimiento para el afectado que ha decidido consentir este acto. Todos recordamos la lucha de Ramón Sampedro en nuestro país. Un hombre que tras un accidente, quedó tetrapléjico a los veinticinco años. Tras muchos años de lucha por conseguir una muerte digna, Sampedro consiguió lo que los jueces le negaron una y otra vez tras treinta años largos de "sufrimiento".

Es duro pensar que a un individuo se le puede negar la facultad de elegir sobre su propia vida. Desde que nacemos hasta que morimos, parece que todas las decisiones que tomamos están ligadas a nosotros de una manera o de otra. Pero… ¿Y si no puedes valerte por ti mismo? ¿Y si tu mente es lo único lucido en un cuerpo que sólo sirve para atarte a una vida que no deseas vivir?

Ramón y Brittany fueron unos valientes por renunciar a una vida de dolor, de angustia, de sufrimiento, de castigo forzado.

Muchos son los moralistas que criticaran su opción de acabar con su vida. Pero, sin hacer apología del suicidio, también es duro tener que decidir irse cuando tu mente esta en plenas facultades para evitar lo que ha de llegar. Hacer "las maletas" e irse para siempre nunca es fácil.

Si alguien decide hacerse una mastectomía (una de las operaciones mas traumáticas y dolorosas que consiste en la amputación de las glándulas mamarias para evitar cáncer de pecho), nadie la acusaría de cometer una locura ni actuaría contra esa persona con todas las leyes morales existentes en este país y los colindantes.

Pero, si la decisión es la de acabar con una vida que sólo produce malestar completo de mente y cuerpo, esa persona no actuaba con plena posesión de sus facultades mentales.

Mas una cosa está más que clara: la vida el dolor y sufrimiento. Si alguien, por el motivo que sea, decide acabar con ese malestar por una cuestión de no poder más con su vida, debería tener la libertad para poder tomar la decisión ansiada sin tener que dar nunca, explicaciones a terceros. La vida es un ratito mas no todos poseen una vida digna para poder disfrutar de ese instante.

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