O eso parece, a la luz del revuelo que se ha armado (y se sigue armando) desde que supimos que la famosa aplicación, recientemente adquirida por Facebook, incluirá un doble check azul: dos marcas semejantes a las siluetas de dos gaviotas azules. Este indicará que los mensajes han sido leídos por sus destinatarios.

La noticia se ha convertido en una de las más importantes en los últimos días, lo cual es algo incomprensible, sobre todo teniendo en cuenta que el servicio de mensajería de Facebook también incluye algo parecido (el "Visto").

Es cierto que WhatsApp es el líder de la mensajería móvil y que, por tanto, muchas personas se verán "afectadas" por esta novedad. Sin embargo, también es cierto que nadie está obligado a utilizar esta aplicación para comunicarse y, además, que el hecho de que una persona sepa si otra persona ha leído o no un mensaje que se le ha enviado es algo más bien trivial.

"Muchas personas se verán afectadas" es una frase que he puesto en el párrafo precedente para darle algo de dramatismo a lo que no lo tiene.

Ni siquiera es una noticia importante ni motivo de preocupación. Desde luego, que se haya armado este escándalo, que roza la alarma social, sí que es materia de profunda reflexión, mucho más profunda de la que yo pueda hacer aquí.

En un primer momento esta noticia me pareció irrelevante. Una de las razones es que yo no tengo WhatsApp, pues mi teléfono móvil no tiene la tecnología suficiente para esta aplicación.

Y mientras que siga funcionando, no tengo ninguna buena razón para cambiarlo.

Sin embargo, hoy me he quedado perplejo: daba la sensación de que el gran mal al que se enfrenta la humanidad en estos momentos es al doble check de WhatsApp. ¡Impresionante! Pero dicho así quizás no se vea con claridad. Lo mejor es formularlo de otra manera. La gran preocupación de una parte considerable de los españoles, al menos de los que se expresan a través de las Redes Sociales, no es ni más ni menos que el hecho de que sus parejas sepan qué han leído sus mensajes de WhatsApp.

Pero, para otra parte de los españoles (de los que se expresan en las redes sociales), el gran problema de la humanidad, ahora resuelto gracias al doble check, era saber si sus parejas habían leído los mensajes que decían no haber leído, lo cual en el pasado siempre daba rienda suelta a la especulación de todo tipo.

Esta preocupación, digna de adolescentes arquetípicos de serie de televisión, pone de manifiesto un hecho sociológico, preocupante en un sentido genuino: en nuestra sociedad tenemos una escala de prioridades invertida.

Hechos como que tarden en darnos una respuesta, que no la den, que nos la pidan, que nos mientan, etc. que son meras trivialidades, adquieren una importancia inusitada. Y otros realmente dramáticos y sobrecogedores, como el aumento de la pobreza en Euskadi (o en el resto de España) desde que comenzó la crisis, suelen pasar desapercibidos.

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