Desde que se creara, en 2005, este servicio de atención al profesorado, el Defensor del Profesorado ha atendido a más de 25.600 casos poniendo de manifiesto las dificultades con las que diariamente se enfrenta este colectivo desde las aulas y fuera de ellas.

Si nos remitimos directamente a la problemática que están sufriendo dentro del aula, el informe manifiesta que la mayor demanda de ayuda recibida gira en torno al problema de faltas de respeto de los alumnos hacia la persona del académico.

No obstante, así nos lo revela el informe, no es menos grave tener que reconocer que un 25% tiene dificultades para ejercer la práctica profesional en su desempeño de dar clase.

Respecto a la relación con los padres y las familias de los alumnos, ha habido un incremento considerable de problemas de educación y, por ende, revierte directamente en la conducta del hijo reproduciendo el comportamiento de sus progenitores. Claro está, la mímesis con la que la conducta del infante reproduce de sus padres es patente en este tipo de casos, teniendo, además, el profesor que atenerse a las amenazas e insultos que ha de soportar por ambos lados.

Es sintomático observar que la mayoría de las llamadas recibidas no han sido de profesores que ejercen su profesión en enseñanzas medias como ESO o Bachillerato, sino que el nivel ha sido en el de Primaria. A todo esto se le ha de añadir la nueva modalidad de falsas acusaciones y denuncias interpuestas por los padres y presión que a veces reciben por modificar notas en beneficio, por supuesto, de un inmerecido rendimiento del puberto.

Algo está fallando, tras ver la radiografía que esta institución hace de las llamadas del cuerpo de profesores en cualquier ámbito territorial del estado español. Y son muchas las lecturas que se pueden realizar de los datos ofrecidos. Las hay que pueden ser alentadoras al afirmar que del total de profesores del ámbito nacional es un porcentaje nada relevante los datos que desprende este informe.

Otros, podrían augurar el peor de los desastres a la luz de los mismos. Las puede haber neutras que, reconociendo la situación, no inclinen la balanza a ninguno de los dos lados. ¡Para gustos, los colores! Pero si tomamos en consideración en su conjunto la situación de los profesores, la situación estadística del rendimiento académico, el recorte en materia educacional y otros factores que inciden directamente en la salud del sistema público, concertado y privado de la educación, entonces habremos de afirmar que las cosas no van como deben ir y que, por lo menos, es un mal síntoma los indicios que se desprenden de las quejas recibidas de los profesores.

Claro, demonizar por el dinero que perciben y el estribillo casi estridente que se repite como un mantra, ese que afirma "con lo que cobran y lo poco que trabajan", sería como aconsejar que lo mejor sería plena carta blanca a hacer lo que se quiera y asumir un sistema educativo sin cortapisas alguna. No sé, algo huele mal en todo este asunto y alguien tendrá que decir algo o hacer algo porque, de seguir así, a bien seguro que la sociedad venidera, a lo mejor, no está mal preparada tecnológica y científicamente, pero moral y humanamente dejaría mucho que desear. ¡Que aproveche!

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