Judi Dench, Helen Mirren, Anthony Hopkins o Michael Caine ya fueron nombrados Sir, pero ahora, Daniel Day-Lewis, el único actor de la Historia del cine que ha conseguido tres Oscar al mejor intérprete en la categoría de protagonista, se une a la lista de compatriotas que, con el mismo prestigio o incluso mayor, se hacen llamar con esta exclusiva distinción. La #Reina Isabel II de Inglaterra hace públicas a comienzos del verano, en el mes de junio, las personalidades que recibirán la condecoración en el mes de noviembre, ya que la soberana da a conocer los nombres en los actos de celebración de su cumpleaños, no en la fecha real de éste, que tiene lugar en abril.

El príncipe Guillermo fue el encargado de darle el título en el Palacio de Cambridge en nombre de su abuela, además de realizar el tradicional toque de espada en los hombros que simboliza el nombramiento como Caballero de su Majestad. La residencia oficial de la familia real reconoció de este modo la trayectoria un actor que desde que saltó a la fama con Mi hermosa lavandería no ha dejado de demostrar su valía, siendo capaz de mezclar en su no muy amplia pero sí exquisita filmografía títulos comerciales con el cine independiente más aplaudido.

No había cumplido aún los 33 años y ya ganaba su primer Oscar por Mi pie izquierdo, la biografía del paralítico cerebral Christy Brown, que alcanzó la fama gracias a su capacidad para escribir y dibujar con el pie indicado del título.

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Daniel se hizo con la estatuilla de la Academia y con los corazones de quienes admiraron su trabajo en la cinta, que volvieron a deshacerse en elogios cuando estrenó su ya mítica versión de El último mohicano. A ella le seguirían dos de sus mejores películas: La edad de la inocencia, olvidado largometraje de Martin Scorsese que merece una revisión y un puesto justo en la enumeración de sus más grandes joyas, y En el nombre del padre, esta sí, muy recordada y con razón.

The Boxer y Gángsters de Nueva York, que lo volverían a juntar con Jim Sheridan, el director que le dio su primer Oscar, y con Martin Scorsese respectivamente, fueron trabajos sobresalientes pero poco respetados en su momento, y desde entonces Daniel decidió espaciar sus apariciones en la gran pantalla y se retiró a Italia a hacer zapatos. ¿Por qué? Se preguntaron sus admiradores. ¿Por qué no? Se respondió él. Pocos proyectos lo han convencido como para volver, caso de La balada de Jack y Rose, que aceptó debido a que lo dirigía su esposa, la escritora y directora Rebecca Miller, hija del célebre Arthur. Y desde entonces solo lo hemos visto en Pozos de ambición, Nine y Lincoln, rodadas entre 2007 y 2012. La primera y la tercera le granjearon los dos Oscar que lo han convertido en un mito y en ese pedestal está instalado hasta que, o bien Tom Hanks consiga igualar su cifra ganado uno más de los que tiene, u otro actor de nombre todavía por determinar empiece a hacerle sombra. #Famosos