¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por un preciado objeto queha pertenecido a una de las cabezas más estratégicas que ha dado la historiadel hombre? Tal vez, ni un céntimo. Pero hubo uno (y otro más que también loquisieron) a quien no le importó desembolsar unos cuantos euros para poderllevarse a casa la reliquia napoleónica. Lasubasta por el sombrero de Napoleón que tuvo lugar en Francia, consiguió casi dos millones de euros que congusto ofreció un coreano, su actual propietario.

Curiosidades.

Deestilo “Dos picos”, el sombrero subastado fue el característico modelo que NapoleónBonaparte portaba en su cabeza. La venta de este representativo objeto de lahistoria de Francia y del mundo entero estuvo a cargo de la casa de subastas Osenat, en París, y su comprador, T.K.Lee fue un coreano que pagó 1,8 millones de euros y unos cuantos billetes máspor otras unidades pertenecientes también al noble emperador.

Pocas veces una persona pagaría cifras exorbitantes por unobjeto usado. La adquisición del famoso gorro de dos puntas de Bonaparte a unprecio importante es uno de esos casos en los que su condición de ‘viejo y usado’ aumenta aúnmás su cotización.

Por supuesto que no se trata de pertenencias de un ‘donnadie’. Su legado histórico es argumento suficiente como para pagar lo que fuera y llevarse el trofeo a casa. Pero, ¿quémueve tanto deseo de posesión? Admiración, quizás. Fetiche. La meraacumulación. Quién lo sabe. Hace poco,Angelina Jolie le obsequió a su marido, Brad Pitt, la máquina de escribir conla que Ernest Hemingway creó El viejo yel mar.

Para algunos valdrá más un sombrero que una máquina, para otros,serán otros utensilios y elementos los que merezcan millones. En estos casos,nada cuenta más que la propia subjetividad –después de los billetes, porsupuesto –. Eso sí, hay que tener bien en claro que la posesión no asegura latransmisión de las dotes extraordinarias que tenían sus dueños originales, perosí se le auguran unas cuantas visitas de amigos y familiares ansiosos de ver en“vivo y en directo” a parte del mismísimo Napoleón Bonaparte. 

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