Juegos bruscos, bromas pesadas, insultos y groserías, son, para muchos niños en edad escolar, moneda corriente. Con la intención de divertirse o de sentirse superior y, por tanto, adoptar una posición de líder, algunos alumnos logran afectar el aprendizaje de otros compañeros. Por un lado, existe un fenómeno actual conocido como bullying escolar que tiene como principal característica, el acoso reiterado hacia una persona en particular. Sin embargo, el reciente estudio publicado en Diario de la Violencia Escolar, da cuenta de lo alarmante que es la presencia de situaciones violentas sin llegar a ser específicamente bullying.

Los datos. Investigadores de la Universidad de New Hampshire encuestaron a nivel nacional a niños de entre 5 y 17 años. Según lo detallado, los resultados son alarmantes. Entre las estadísticas, aparece que un 6% de los alumnos, no había concurrido a clases al menos una vez en el año debido a cuestiones de violencia. Una lectura no muy pormenorizada de este escenario escolar, indicaría que son muchos los casos en los que el aprendizaje se ve impedido por factores ajenos a lo académico. En este sentido, no es necesario que se presente el acoso reiterado o bullying para que un niño no quiera ir al colegio, y por ende, ver perjudicada la enseñanza.

Pero los datos continúan: un 14% dijo haber sido asaltado, un 1,8% fue intimidado con un arma, y casi la mitad, un 48%, fue acosado, todas experiencias dentro de una escuela.

El rol del adulto. Si bien la investigación se desarrolló en los Estados Unidos, no por ello deja de ser un preocupante estado de la cuestión en otras geografías. Como se sabe, la escuela, históricamente ha sido un lugar que a nivel micro, refleja lo que sucede en la sociedad, del mismo modo que el acoso no es tema del siglo XX.

Sin embargo, el contexto escolar ha cambiado a la par que lo ha hecho la sociedad. Es por ello que el papel del adulto (docente o padre), debe no ceder a las inclemencias del siglo XXI. Cada uno en el lugar que le toca, debe estar más atento que nunca para poner un freno a tiempo. No hay que ocuparse únicamente del bullying, otros niños tampoco la están pasando bien en un colegio. Conciencia y atención también para ellos.

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