Cada país tiene su epopeya gloriosa, su defensaheroica, por ejemplo, ante invasiones de otro país, victorias de “buenos”contra “malos” o cualquier acontecimiento importante. Están el 2 de Mayo enEspaña, el 14 de Julio en Francia, el 4 de Julio en EEUU, el 11 de Septiembreen Catalunya y en Escocia... El Cine y la televisión los han tratado según elpunto de vista del país o de la ideología de quienes lo observan.

Un primer ejemplo esla película “Braveheart”, quizá lamejor película de Mel Gibson como director junto con su polémica visión de laPasión de Cristo. Muestra la lucha del héroe escocés William Wallace contra laanexión de Escocia a Inglaterra en el siglo XIII.

Una película que no habrágustado mucho a los ingleses, por supuesto. Y Gibson lo borda en la famosaescena del discurso de Wallace, antes de la gran batalla contra el Ejércitoinglés, con frases como “Podránquitarnos la vida, pero hay algo que núnca nos podran quitar: la libertad”.

En España, elacontecimiento de este tipo más mitificado, sobre todo desde el poder político,fue el Dos de Mayo, cuando ese díade 1808 la gente de Madrid se rebeló contra el Ejército francés y empezó unalarga guerra de seis años.

El cine español notrató mucho esa época, pero hay muchas películas del cine franquista, aquellasque eran denominadas con la rimbombante frase “Declaradas de Interés Nacional”, que mitificaban hasta el delirioaquellos acontecimientos, con una visión absolutamente maniquea, donde losespañoles eran no sólo héroes, sino santos en vida, y los franceses, asesinos ydegenerados que acabarían en el Infierno.

Uno de variosejemplos es “Agustina de Aragón” deJuan de Orduña, que protagonizó Aurora Bautista, dándonos escenas como la queella misma decide disparar el cañón en el sitio de Zaragoza, rodada con el típicomelodramatismo histriónico del cine de la época.

Hace pocos años, laComunidad de Madrid de Esperanza Aguirre encargó a José Luis Garci una películasobre aquellos días, “Sangre de Mayo”,subvencionada como jamás se ha visto en el cine español, con 14 millones deeuros, la mayoría de ellos gastados en ambientación, con más de 50 decorados.Pese a la buena dirección artística y la interesante fotografía, la películapeca de fría y no transmite la emoción que estas historias necesitan.

Pesómucho la amistad de Garci con la señora Aguirre y la visión más bien patrioteradel asunto. Y para rematarlo, apenas recaudó 700.000 € en los cines, el 5 % desu presupuesto.

En cambio, enFrancia, la visión del conflicto no era la misma, claro. La magnífica serie televisiva“Napoleón”, con un gran ChristianClavier como el Emperador, y con Gérard Depardieu y John Malkovich en papelessecundarios, mostraba al Ejército francés en España, digamos, como si fueranlos americanos en Iraq contra Sadam Hussein o en la II Guerra Mundial contralos alemanes en Europa y contra los japoneses en el Pacífico, mientras que losguerrilleros españoles eran mostrados como si fueran los de Al-Qaeda, ycualquiera de ellos parecería un Ossama Bin Laden del siglo XIX.

Por ejemplo, en la escenade la reunión en Bayona entre Napoleón, el Rey Carlos IV y su hijo el PríncipeFernando, el futuro Fernando VII, se muestra a éste último como un gordomaleducado, que habla con la boca llena y un mezquino intrigante que quiere queNapoleón le ayude a deponer a su padre y coronarse él mismo como Rey.

Y cuando le comunicaun mariscal a Napoleón lo que ha pasado el Dos de Mayo en Madrid, Carlos yFernando se acusan uno a otro de lo ocurrido. El Rey acusa a su hijo deutilizar bandidos y asesinos (la gente que se rebelaba en Madrid contra elEjército napoleónico) para asesinarle. Furioso, Napoleón decide confiscar laCorona española y acusa a la Inquisición de tener el auténtico poder en España,y que Carlos sólo es una marioneta.

Finalmente, les echa de la sala. Fernando,desafiante, dice de todo a su padre, fanfarroneando que cuando sea Rey deEspaña después de la muerte de su padre, todo irá mejor.

No entraremos en sitodo esto es cierto o no, la serie está basada en la biografía escrita por MaxGallo, prestigioso historiador, y aporta datos poco conocidos como los quehemos escuchado. Por ejemplo, que el mariscal Joachim Murat, cuñado deNapoleón, no quería ser Rey de Nápoles, sino de España, que le parecía un paísmás importante.

La película “Los fantasmas de Goya”, del cineastacheco Milos Forman, el de “Amadeus”, quiso dar la visión que desde la comunidadjudía se tuvo de este conflicto, algo lógico, recordemos que los judíos siemprehan tenido gran poder en Hollywood.

El argumento empieza muchos años antes: lahija de un importante noble español es detenida por la Inquisición, acusada depracticar la religión judía en la clandestinidad. Cuando llega la guerra de laIndependencia, Forman nos muestra los dos puntos de vista, el español y elfrancés, ya que los judíos españoles, digamos, apoyaban a Napoleón, que lessalvaría de la Inquisición.

Pero si hay el cine de algún país capaz de mostrar suvisión de una guerra como la única válida es el de Hollywood. Durante la II Guerra Mundial y la Guerra Fría,nos dio decenas de películas donde el Ejército americano, fuese en las aguasdel Océano Pacífico o en las tierras europeas, salvaba al mundo de caer en dosdictaduras terribles, la del Emperador del Japón y la de la Alemania nazi,aliada, por cierto, de los japoneses.

Hace unos años, ClintEastwood hizo algo insólito en Hollywood: contar dos veces la historia de labatalla de Iwo Jima, en Japón, y darles la oportunidad a los japoneses decontar su punto de vista en la segunda y quedar bien. La primera, “Banderas de nuestros padres”, lavisión americana, y la segunda, “Cartasdesde Iwo Jima”, la japonesa, ésta última una obra maestra.

En San Sebastián sepremió una película china, “Ciudad devida y de muerte”, donde se explicaba con absoluta crudeza la matanza delEjército japonés en 1937 en la ciudad china de Nankin, durante la invasión deChina por parte de Japón. Los japoneses mataron 300.000 chinos y convirtieron a20.000 mujeres en esclavas sexuales, incluso crearon prostíbulos con ellas paralos soldados y oficiales del Ejército del Emperador.

Todo esto, Japón lo niegacategóricamente y califica de calumnia.

El director, LuChuan, quiso mostrar todo desde el punto de vista de los dos bandos, japonesesincluídos, para darle a todo un tono veraz, el lado humano de los invasores yel de los invadidos, lejos de todo maniqueísmo, el resultado es sobrecogedor ycreíble.

En el cine español,la guerra por excelencia ha sido la Guerra Civil de 1936 a 1939, con lasnefastas consecuencias posteriores bien conocidas. Ha tenido puntos de vistaradicalmente diferentes según el Régimen político: durante el franquismo,aunque apenas se trató, el único punto de vista permitido era el de losvencedores.

Uno de los casos másclaros de maniqueísmo fue el de “Raza”de José Luis Sáenz De Heredia, que filmó un guión escrito por un tal Jaime DeAndrade, de quien siempre se sospechó que era el mismísimo Francisco Franco,con pseudónimo.

La más famosa de aquel tipo de propaganda de la dictadura ensus primeros años.

Como aquí no se podíatratar el tema, sólo el cine extranjero podía hacerlo. Hollywood, antes de la“caza de brujas”, hizo varias películas de apoyo a la República o que incluíaen el argumento alguna alusión a ello. La más conocida o más comercial fue “Por quién doblan las campanas”, basadaen la novela de Ernest Hemingway, con un combatiente americano conviviendo conunos pintorescos campesinos españoles y enamorado de la hija de uno de ellos.Por supuesto, aquí se estrenó ya después de la muerte de Franco.

Pero la alusión másconocida mundialmente a la Guerra Civil española en Hollywood que no está en unfilme bélico es en “Casablanca”,cuando el protagonista, Rick Baines (Humphrey Bogart), ve cómo el capitanfrancés Louis Renault (Claude Raines) le recuerda su pasado, luchando con losrepublicanos españoles, algo, por cierto, que la censura franquista alteró,cambiando España por Austria, y no pudimos escuchar la traducción correctahasta 1983, en el famoso doblaje de José Guardiola como Boggie.

Pero al llegar laDemocracia, las tornas cambiaron, y se han hecho cientos de películas donde losfranquistas no quedan jamás bien, y es tabú lo contrario.

Han resistido mejorel paso del tiempo las visiones más humanas del conflicto, mejor que laspuramente políticas. Podríamos elegir unos pocos ejemplos, como “La vaquilla” de Luis García Berlanga,que satirizaba a ambos bandos en una kafkiana disputa por una vaquilla en unpueblo cualquiera.

Otra es “Ay, Carmela” de Carlos Saura, quemostraba las desventuras de dos cantantes de variedades que entretenían a lastropas.

Y de las másemotivas, la reciente “Las 13 Rosas”de Emilio Martínez Lázaro, que reivindica la detención, juicio y fusilamientode 13 mujeres, acusadas injustamente de haber matado a gente del bando nacionaldespués de acabada la guerra.

Durante laPresidencia de Ronald Reagan en EEUU, ex actor de Hollywood, por cierto, seapoyó desde la Meca del Cine un patriotismo exacerbado, dando lugar a muchaspelículas bélicas con propaganda pro-americana descarada, desde lossubproductos de Chuck Norris a las películas de Sylvester Stallone como JohnRambo, ex combatiente de Vietnam reconvertido en luchador solitario capaz dederrotar él solito a todo un Ejército.

Mejor nos quedamos,para acabar, con la visión de la guerra aparentemente ingenua de RobertoBenigni en su excelente “La vida esbella”, como el típico pícaro italiano que trata de sobrevivir como puedeen un entorno extremo, esta vez un campo de concentración nazi, para tratar deproteger a su hijo de la locura asesina de los nazis, o lo que es lo mismo, dela locura de la guerra, da igual cuál sea.

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!