Un grupo de investigadores de la Universidad de Southampton durante cuatro años consecutivos, estudiaron a más de 2000 pacientes que sufrieron paro cardíaco. El resultado de esta investigación afirma que un porcentaje altísimo de ellos, lógicamente que sobrevivieron, tuvieron una cierta conciencia entre ese intervalo de tiempo entre el paro y la reanimación.

De esta manera, podemos encontrar, de entre muchos, el testimonio de un hombre de mediana edad que narró lo ocurrido en el quirófano entre los médicos mientras intentaban devolverle el movimiento al corazón.

Pero, ¿es tan novedoso este estudio como aparece a simple vista? Son ingentes los testimonios de poetas, científicos, filósofos, los que se han planteado este tema y, aunque es cierto, que todos ellos están envueltos en un halo de misterio y algo de misticismo, no es menos cierto que solo hay que leer entre líneas para afirmar la posibilidad de la existencia tras la muerte.

Marco Tulio Cicerón, en su obra "El sueño de Escipión" (La República) escribe lo siguiente: "En verdad siguen vivos los que se han liberado de las ataduras del cuerpo como de una prisión: ¡Pues lo que llamáis vida no es en realidad sino muerte!". Todos los que hemos estudiado algo del tema de la vida tras la muerte, no nos deja de sorprender la clarividencia y el convencimiento con el que ilustres pensadores como Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca, y un largo etcétera han escrito de la pervivencia tras el paso de esta vida hacia otra.

Lo bueno de este nuevo estudio es que ha sido hecho con aparatos científicos y alejados los "sonsonetes" trascendentes de la religión y el dogma de la inmortalidad religiosa.

Pero, ya sabemos, que en tiempo de crisis, afloran en todos nosotros el deseo inconfesable de querer seguir viviendo dignamente si no es posible en este mundo, por lo menos en el otro. Y podemos afirmar, esta vez con rotundidad que aunque exista otra vida, hay signos suficientes de esperanza en esta, para vivirla con intensidad, alegría y "buen rollo" entre todos y para todos.

Aunque eso ya es otra historia. ¡Que aproveche!

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