Ante decenas de miles de personas que abarrotaban la plaza del zócalo, y cuando se cumplía el primer mes de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas, la escritora mexicana y premio Cervantes Elena Poniatowska leyó un emocionado discurso en el que glosó la figura de todos los jóvenes desaparecidos. El caso de los 43 estudiantes normalistas, detenidos por la policía de Iguala, llevados a dependencias policiales y luego entregados a sicarios para, más que probablemente, su tortura y ejecución ha conmocionado definitivamente a México, un país desgraciadamente acostumbrado a la violencia y a sus ramificaciones con el poder político.

Esta vez, sin embargo, algo parecer moverse en el país centroamericano.

El secuestro de los estudiantes ha sacado a la luz las relaciones entre los alcaldes, la policía y el cártel. Y su búsqueda, todavía infructuosa en los campos de la zona. se ha convertido en un descubrimiento continuo y macabro de fosas comunes repletas de cadáveres. Las víctimas inocentes de los sicarios de los cárteles de la droga.

El acto de protesta fue organizado por el nuevo partido de la escena mexicana, el Movimiento de Regeneración Nacional "Morena", cuya génesis tiene alguna semejanza con la de Podemos en España: una clase política corrompida, una alternancia de dos partidos anquilosados y un deseo de gran parte de la población de regenerar la política con principios éticos y de justicia social. Al igual que Podemos, Morena surge primero como movimiento social que solo posteriormente se transforma en partido político.

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Elena Poniatowska, a sus 82 años, atesora un reconocido prestigio no solo por su inabarcable obra literaria sino por su compromiso con los derechos humanos, su permanente denuncia de la injusticia y por ponerse siempre al servicio de las causas más nobles. Así, el manifiesto leído por la escritora sobrepasaba la crítica partidista para convertirse en un llamamiento ético y en la voz de una ciudadanía hastiada y avergonzada de su propio país. Poniatowska comenzó explicando las condiciones de miseria de la escuela donde estudiaban los jóvenes secuestrados: sus cuartos de pobre; su alimentación, que no incluía alimentos como, por ejemplo, la leche; su ropa; sus pertrechos de plástico.

"Ya es hora de que en México hablen los pobres", continuó, para añadir, al igual que ha ocurrido en España, que "somos miles los mexicanos que no nos sentimos representados, miles los mexicanos que queremos una democracia participativa, miles de mexicanos que levantamos la voz….". Denunció el intento de algunas instancias del poder de criminalizar a los estudiantes, que fueron "cazados y sometidos a la tortura hasta la muerte", para luego glosar un pequeño recuerdo de cada uno de ellos al tiempo que decenas de miles de personas gritaban "Presente".

El recuerdo de Marco Antonio y su sentido del humor, de Abel, que era flaquito, de Benjamín, que un día se acabó el solo todas las galletas de una mesa. Y así, hasta 43.

"México se desangra", continuó. Afirmando que era esta "una mancha atroz en la vida oficial de nuestro país ya de por sí hundida en el lodo". La escritora se preguntó "¿hasta dónde ha llegado el terror implantado por el gobierno en el seno de la sociedad?" para luego terminar con un emocionado llamamiento a la unión "de un pueblo que se levanta y grita: "Vivos se los llevaron, vivos los queremos", momento en el que cayó desmayada quedando tendida en el escenario. En el éxtasis de la emoción colectiva, mientras Poniatowska se reponía, las decenas de miles de personas comenzaron a gritar : "¡Regrésenlos!, ¡Regrésenlos!".