Todos sabemos por el informe PISA que Finlandia es el país nº 1 en el ranking mundial de educación. Lo que es posible que no se conozca tanto es la estrategia del gobierno para tener la tasa de mortalidad infantil entre las más bajas del mundo. El secreto: una caja. No hablamos de ninguna broma de mal gusto, sino de la apuesta decidida de los dirigentes en cuidar con mimo y esmero a los recién llegados al país, venidos directamente del vientre de su mamá.

Llevan más de medio siglo proporcionando a las mujeres que van a dar a luz una especie de "mochila de equipaje básica" para que no les falte a los neonatos de nada.

Lo curioso es que no hay distinción entre ricos y pobres. A todas se les proporciona esa caja llena de ropa, juguetes, y demás útiles para la feliz bienvenida a su nuevo hogar finlandés. Pero, ¿verdaderamente es este el éxito de tal proporcionalidad a la baja de muertes en el país? Obviamente no es lo único que puede aportar salud plena a los bebés.

Pero si a eso se le suman cuidados prenatales, un sistema de seguridad social gratuita y universal, pues entonces sí es posible que dicha ecuación dé como resultado la valiosa cantidad de muerte infantil bajísima.

A diferencia de otras cajas que rezuman todo tipo de vicios en su interior, albergando la esperanza como la única en la que confiar, esta es, por el contrario, la esperanza para todas las virtudes que presume Finlandia a lo largo y ancho del globo terráqueo.

En España, aunque no podemos presumir en materia educativa, sí lo podemos hacer en materia de calidad de vida prenatal. Y es que, aunque las cosas no vayan bien en muchos aspectos, nuestros pequeños están a buen recaudo en nuestros hospitales y con las atenciones de nuestros especialistas.

De vez en cuando "sacar pecho" de algo feliz que ocurre en nuestro país nos motiva a seguir creyendo en nosotros mismos y nuestras posibilidades.

Pensándolo bien, no estaría mal que nuestro gobierno diera una cajita con todo lo necesario para que cuando el niño vea por primera vez a su madre, no halle en ella signos de dolor o consternación pensando: ¿Conmigo, mamá, llegarás a final de mes? Sino todo lo contrario: Yo soy una verdadera bendición para ella, al estilo de Juan Luis Guerra.

Si así fuera, no se acabarían todos los problemas, pero por lo menos uno menos nos quedaría. ¡Que aproveche!

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