Dos veces al año, como mínimo, se produce una curiosa paralización en casi todos los ámbitos, tanto sociales, como políticos e incluso económicos. Y hoy es uno de esos días. Una gran mayoría de ciudadanos se reúnen en sus casas, en casa de sus amigos, de sus familiares o en los bares que tienen televisión por cable. Todos juntos y revueltos, aunque tampoco demasiado, y todo para ver uno de los dos partidos de la liga española de fútbol en la que se enfrentan los dos equipos más grandes y ricos del país: el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona.

Aparcados quedan todos los problemas. Nadie se acuerda de los parados, de los recortes salariales, de la reforma laboral que tanto daño le ha hecho al pueblo, del déficit en materia sanitaria, de los jóvenes que tienen que irse al extranjero porque aquí nadie quiere contratarlos por lo que valen sino como mano de obra barata e incluso sin pagarles, como becarios. Nadie habla durante esas dos horas que dura el partido, más las dos anteriores y las dos posteriores, de la política tan pésima que está ejerciendo su voluntad por todo el territorio español, expandiendo su manto de corrupción sobre todas nuestras cabezas, acercándonos a los tiempos en que un señor bajito, con bigote y muy mala leche estaba en el poder por imposición propia, o mejor dicho, "por la Gracia de Dios".

Se dejan de lado los dimes y diretes entre los independentistas catalanes y los nacionalistas españoles, ya no se habla de boicots, de banderas o de si se podrá continuar con el euro y en Europa, sobre si Pujol robó o no, y si Mas está haciendo algo ilegal o se está riendo de los propios catalanes. Nadie se quiere acordar ahora de esas personas que no van a poder ver el partido en sus casas porque los bancos, esos que fueron rescatados con nuestro dinero, dinero de los contribuyentes, se está dedicando a expropiar y desahuciar a los que han visto reducirse sus nóminas hasta el punto de no poder pagar sus hipotecas, o incluso peor, los que han perdido sus empleos por culpa de las leyes dictatoriales que les dan todo el poder a las empresas para tratar al trabajador como un esclavo o pero que eso.

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Real Madrid FC Barcelona

No, nadie se acuerda hoy, durante unas cuantas horas, de todos los problemas que este país tiene.

Hoy todos son amigos, siempre que se sea del mismo equipo, claro. Da igual si eres catalán o madrileño: si eres del Real Madrid o del Barça, eres "de los nuestros", independientemente de dónde residas y de dónde te sientas. Porque sí, en Madrid hay culés y en Barcelona hay merengues, eso es algo que todos sabemos, pero hoy no se toma en cuenta.

Hoy todos somos iguales, nadie le llama al otro nazi, ni fascista, ni todas esas cosas que se llaman unos a otros antes y después de estos dos días que tiene el año tan "extraños".

Y de repente se me ocurre una cosa: ¿Por qué no podría ser así todos los días? ¿Por qué no podemos ser los 365 días del año todos iguales, independientemente de los sentimientos territoriales que tenga cada uno? ¿Por qué no pueden sentirse los catalanes, catalanes, los vascos, vascos, los gallegos, gallegos y todos de donde seamos, sin que ello tenga que generar todo tipo de insultos estúpidos y que no llevan a nada positivo, sino más bien al contrario?

¿O caso no nos sentimos casi hermanos de personas de otros países cuando dicen que son de nuestro equipo y nos sentamos delante de la tele a ver el partido que juegan los nuestros contra el enemigo de toda la vida? Entonces, ¿por qué no puede ser igual cuando, si se da el caso, Cataluña decide independizarse y pasa a ser un país como cualquier otro? ¿Cuál es la diferencia?

Sí, lo sé, son muchas preguntas que tienen infinidad de respuestas, una por cada uno de los que sean preguntador.

Porque aquí todos tenemos querencia hacia la violencia verbal gratuita, ahí no nos quedamos ningunos fuera, a pesar de que siempre hay excepciones, pero las descalificaciones son en ambos sentidos, con más o menos la misma intención de ofender, sin más. Porque conseguir ofender a tu interlocutor no te da nada, ni la razón, ni un mérito especial, ni nada de lo que enorgullecerse, sólo genera una satisfacción ridícula en el que lo logra, que lo deja a una altura vergonzosa en la clasificación de la liga de la inteligencia.

Soy ajeno al fútbol, no me vuelve loco ver a 22 señores, más 3 árbitros, vestidos de corto y corriendo detrás de un balón, como hacen en los patios de los colegios, pero cobrando millones de euros por cada patada que le dan. Soy de esos pocos locos que prefieren sentarse delante de un libro a leer, o frente a la pantalla para escribir cosas como ésta, justo cuando la mayoría de españoles gritan y corean los nombres de sus jugadores, y se vuelven locos si consiguen marcar un gol. Pero tengo que reconocer que, aunque no me siente a ver el partido esos dos días del año, me gusta que los demás lo celebren. Porque me siento más tranquilo, porque dejo de recibir todos esos insultos que me dedica mucha gente por las redes sociales por el imple hecho de ser catalán y ser partidario de la independencia. ¡Gracias por existir, Liga de Fútbol Española! ¡Gracias por tener dos veces al año el derbi R. Madrid-Barça! ¡Muchas gracias por dejarme tener dos días anuales de paz y tranquilidad, aunque sólo sean 6 horas cada uno de ellos...!

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