Coherence lleva mucho tiempo siendo una película de culto y cada día que pasa alguien más la sitúa en ese bonito pedestal. Pero es ahora cuando llega a las pantallas comerciales españolas. ¿Qué ha pasado entonces? ¿Cómo es posible que sí, oficialmente no se ha visto, sea ya una de esas películas a tener en cuenta dentro de la ciencia ficción? Ha ido pasando por certámenes y muestras del género, caso del festival de #Cine fantástico de Austin, en Estados Unidos, o el Syfy celebrado en Madrid hace unos cuantos meses, y el éxito cosechado en ellos puso a los fans de lo inquietante, una vez más, en pie de guerra contra el hecho de que la cinta no tuviera una distribuidora para comercializarla cuanto antes.

Por lo tanto, usaron el arma más a mano para combatir esa carencia: la piratería. Lo malo es que, una vez que la película ha tenido distribuidora para que se pueda ver en pantalla grande, los usuarios han seguido bajándose ilegalmente el largometraje.

Sí, el hecho de que no todas las películas que los espectadores quieren ver tengan distribuidora es un problema. Que la afluencia de público a las salas en los últimos años haya disminuido considerablemente no lo pone fácil de cara a que distribuidoras pequeñas puedan adquirir una película que no tienen asegurado amortizar su coste en las salas porque su público potencial ya la ha visto de manera ilegal. Pero tampoco es menos cierto que una vez llegado el estreno, las copias no son las suficientes para todos los espectadores que las demandan y muchos, en provincias y pueblos sin cine independiente a mano, o sin una versión original que disfrutar, siguen optando por la piratería para colmar la necesidad de estar al día con los estrenos.

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Una película como Coherence, tan intensa y absorbente, necesita sin duda de una pantalla grande para que la angustia de los personajes, y de lo que les va sucediendo, nos transporte también a nosotros a esa noche extraña en la que el paso de un cometa cambia la vida de los amigos reunidos alrededor de una inolvidable cena. Y lo cierto es que si se cierran las salas por falta de afluencia, cada vez va a haber menos posibilidades de ver este tipo de cine en ellas. Las películas minoritarias verán sus visionados reducidos al VOD, a la distribución de cine online, y ninguno queremos eso. Así que mientras no cambie el sistema establecido de ventanas, ese que impone primero fechas de estreno de las películas en salas, y tiempo después en otros formatos caseros, y hasta que no respetemos ese sistema, que pocos visos tiene de que vaya a cambiar en un futuro a corto plazo, lo cierto es que estamos abocados a ir perdiendo el cine independiente en las pantallas grandes. Veremos multiplicado el de masas, el más comercial, en todas las salas disponibles, que, hay que insistir en ello, serán cada vez menos. #Internet