La distinción, que es la máxima que concede el Círculo de Bellas Artes, le fue entregada por su presidente, Juan Miguel Hernández León, y reconoce a "creadores e intelectuales cuya obra haya contribuido decisivamente a la renovación de las artes y la cultura contemporáneas". Carlos Oroza es uno de esos artistas inabarcables que engrandecen la palabra "poeta". De esos a los que para describir hay que echar mano de otras como "vértigo", "abismo", "océano" o "infinito".

Apenas conocido por el mainstream editorial, su poesía lleva más medio siglo corriendo de boca en boca entre los habitantes de lo que Fitzgerald llamaba: "los callejones oscuros de la literatura".

Sus poemas se transmitían verbalmente o se copiaban en hojas por una creciente legión de iniciados que lo encontraban en los cafés, las calles o los portales donde dormía. Oroza despreciaba la escritura y en cada ocasión el recitado de memoria de sus versos volvía cada poema único. Solo muy tardíamente empezaron a aparecer algunos Libros que, por otra parte, han sido siempre casi imposibles de conseguir y hoy son considerados como auténticos tesoros por sus escasos poseedores.

Es por ello que su obra es imposible de entender completamente si no es en su recitado, que convierte la experiencia poética en algo pleno y completo. Completo, en el mismo sentido que el cosmos es completo. Quien ha escuchado salir de su garganta cansada algunos de sus versos: "…y era Poe Poe Poe Poe haciendo ruidos con el agua Poe besando por el alma de la playa" sabe que está asistiendo a algo más que a una lectura, que lo que ahí acontece es un fluir de una corriente tan antigua como el tiempo, sin principio ni fin, que encuentra su cauce temporal en su voz de ultratumba.

Su voz que uno ya nunca es capaz de olvidar.

Aunque se le ha intentado definir con etiquetas como "poeta beatnick" o "underground", Oroza se ha hartado de decir siempre a los cuatro vientos que sus referencias principales eran Walt Whitman y, sobre todo, Arthur Rimbaud, al que reverencia. Como los de Rimbaud, sus poemas tienen ese mismo carácter sinfónico, de obra que lo intenta abarcar todo, y cada uno de ellos contiene un pequeño universo.

Son poemas de totalidad, y quizá es por eso que su obra no es más extensa. Porque cada una de sus composiciones engloba una cosmovisión completa. Tanto, que su poesía deberían estudiarla los astrónomos. O los físicos, porque, como en la física, una pequeña partícula de materia encierra una energía infinita.

Oroza reniega de la "abundancia" y para él el poema es un acontecimiento que "solo surge de cuando en cuando".

Este reconocimiento del Círculo de Bellas Artes, que en ediciones anteriores premió a personajes de la talla de Michael Haneke, Carlos Fuentes, Jean Baudrillard o John Berger, se suma a la edición en 2012 de su obra completa en el volumen "Évame". Hoy, a sus 91 años, después de haber sobrevivido a todo, aún sigue buscando la luz, observando la realidad con su mirada pura, cantando a la tierra ancha con su verso ancho y al "mundo libre que vive clandestino de nosotros".

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