Leo con perplejidad y, curiosamente, con una cierta carga de orgullo mal contenido al saberme parte tan importante, para algunas personas de las que desconozco todo sobre su vida, como para dedicarme un artículo de prensa, que un señor (o señora, lo ignoro) hace suyo el destino del artículo-carta escrito y publicado hace unos días bajo mi nombre, y me responde directamente a mí. No deja de sorprenderme que el ser humano, en su afán de protagonismo, haga alarde de este tipo de ejercicios que en nada favorecen al periodismo, pero ya que esta persona ha decidido emular lo leído hace unos días en palabras de Hermann Tertsch y Juan Manuel de Prada en su guerra dialéctica a través de los artículos escritos en el periódico para el que trabajan ambos, ABC, megáfono de la derecha ultraconservadora española, despotricando el uno del otro por sus diferencias personales, que se han visto agravadas por los puntos de vista diametralmente opuestos sobre el conflicto que se está viviendo entre Israel y Palestina, le voy a regalar ese cuarto de hora de fama al que todo el mundo tiene derecho, según palabras de Andy Warholl, y haré un breve resumen que, espero, le sirva para comprender que todos tenemos nuestros puntos de vista del mismo tema, y que el que se enfada, pierde.

Después de publicarse esta respuesta, daré por zanjada toda posibilidad de continuidad, porque una cosa es que me haya hecho gracia verme reflejado en el artículo de un compañero del periódico en el que colaboro, y otra muy distinta que piense convertir esto en un "Sálvame de Luxe" con alusiones personales y peleas barriobajeras. Por respeto a mi propia persona pero, especialmente, a los seguidores de esta publicación y a otros colegas del ramo del papel y la tinta, aunque sean electrónicos.

Hecha esta aclaración, empezaremos por dejar clara una cuestión: mi escrito, carta, comentario, opinión o como mejor te guste catalogarlo, no tenía un destinatario concreto, sino que, como bien dices a posteriori, tiene como finalidad hablar sobre esas personas que, al parecer tú eres uno de ellos, tienen a Cataluña y sus habitantes en el punto de mira y con el dedo en el gatillo, a la espera de una orden directa de disparar.

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No voy a negar, porque hacerlo sería de muy poco inteligente, que hay radicalismos entre la población catalana, pero eso es algo que vas a encontrar en todos los ámbitos, nacionales, internacionales, económicos, sociales y del tipo que prefieras. En toda regla existe una excepción. Por tanto es cierto que hay pequeños grupúsculos que se dedican a quemar bandera y decir verdaderas insensateces sobre España. Pero de estas diminutas minorías violentas ni he hablado ni pienso hacerlo, porque sería darles más importancia de la que tienen y que no se la merecen. Este tipo de personajillos no siembran nada, y si lo hacen, su cosecha es nula. Por tanto vamos a centrarnos en lo que realmente importa, que es el sentir popular, dejando a un lado los radicalismos y extremismos que ni son buenos ni representan a una parte de la población tan grande como para tenerlos en consideración.

Dicho esto, debo decirte, aunque no opines igual, que la gran mayoría de catalanes no le desea ningún mal a España, sino que solamente quieren dejar de estar bajo el yugo opresor de los descendientes de aquellos conquistadores del Reino de Castilla, que quieren a toda costa seguir poseyendo las tierras conquistadas aún a pesar de que la población de dichas tierras se posicione en contra y se empiece a manifestar a favor de su independencia y de auto-gestionarse sin la supervisión directa del gobierno central ni de la Corona.

Eso es algo que se encuentra fuera de los límites de la Comunidad Autónoma catalana desfasada en 180 grados, es decir, la gran mayoría de españoles no catalanes (porque, nos guste o no, hasta la fecha, todos los catalanes seguimos siendo españoles mientras no nos independicemos) tienen sentimientos adversos contra Cataluña. No te será muy difícil leer por cualquier sitio que navegues de internet comentarios ofensivos y amenazas contra esta tierra a la que se le debe mucho, no por su colaboración desinteresada y voluntaria, por supuesto, sino por su participación obligatoria en los gastos de otras comunidades españolas, esa tan mal llamada "cooperación". Mal llamada porque, para que fuera cooperación, debería ser voluntaria, de motu propio, y ése no es el caso, ya que todo el dinero que el gobierno central ha recaudado de Cataluña (así como de otras zonas de España, en diferentes proporciones) ha sido por ley, no por voluntad de ayudar, que en ninguna parte dice que eso deba de ser obligatorio. Así que, lo del odio, creo que lo has aplicado en la dirección equivocada. Sí que hay muchas personas que nos quieren y nos respetan, por supuesto, pero son esa excepción que cumple la regla a la que hacía referencia antes, ¿lo recuerdas?

Pseudónimo que rebates mis palabras, ¿has estado en Latinoamérica? ¿Has preguntado a sus habitantes lo que opinan de los españoles, especialmente de lo que hicieron los que allí llegaron a colonizar? Yo sí, y no una vez, por suerte he podido viajar en numerosas ocasiones a distintos lugares del Nuevo Continente, y te aseguro que tus palabras podrían hacer reír a algunos allí, pero lo más probable es que les entrara una cólera irascible al leerte decir que "las enfermedades contagiosas fueron transmitidas por sus antepasados a los pobres españoles conquistadores, que fueron masacrados por esos indígenas salvajes y asesinos..." No son palabras literales tuyas, obviamente, pero es lo que se puede extraer entre líneas de tu escrito. Y cuando hice referencia a "nuestros antepasados" no hablaba de ninguno en concreto, y menos aún d los de alguien que no sé siquiera si pertenece al género masculino o femenino como eres tú, que te escondes tras un pseudónimo.

Del tema económico al que haces referencia, con las autovías y las autopistas de peaje y lo de que es culpa nuestra y no sé qué otras elucubraciones mentales tuyas, no voy a comentar nada, porque se haría demasiado extenso el artículo y no es cuestión de aburrir a los lectores.

Y sobre lo que escribió el escritor Richard Ford, es completamente respetable lo que este señor diga. Si es cierto, está en su derecho a pensar lo que le parezca. Pero eso no significa nada; no es el representante del mundo literario y mucho menos de los habitantes del Reino Unido, de la Unión Europea o del conjunto de habitantes de la superficie terrestre. Si él piensa así, sus motivos personales tendrá, no voy a entrar en valorarlos.

Dicho todo esto, y como ya expuse al inicio de este escrito, voy a pasar a dar por zanjado este intercambio de opiniones para no desmerecer el buen nombre que se está ganando Blasting News dentro de las comunidades de prensa mundiales. Espero y deseo que sepas recibir mis palabras como una crítica constructiva y no como una amenaza particular y personalizada, ni contra ti ni contra nadie en concreto, sino como una forma de entender este conflicto abierto entre españoles y catalanes que deberían tenerlo exclusivamente los políticos, que a fin de cuentas son los que la están "liando parda". Y ahora, como diría el presidente, "Fin de la cita". Un saludo.