La revista Mongolia recogió el pasado 12 deseptiembre en Italia el Premio “almejor satírico internacional” que otorga desde hace 42 años el Museo Della Satira de Lucca. El premioes posiblemente el más importante en su género y antes había recaído enpersonajes y medios tan importantes como Dario Fo, Roberto Benigni, Le Canard Enchaîné, Quino o Steve Bell.En toda su historia, en España solo lo habían obtenido la llorada revista El Papus y el dibujante El Perich.

El jurado valoró la valentía deMongolia para satirizar los temas de la actualidad política española de un modoirreverente y atrevido, a la vez que aleccionador.

La sátira viene a ser, almismo tiempo, un modo de exhibir las miserias de esa clase política españolamediocre y corrupta que se ve desnudamente retratada de un modo feroz y certeroen las páginas de Mongolia.

La revista, que inició suandadura hace dos años, tuvo que superar el boicot inicial de muchos kioscos deprensa, escandalizados ante sus insolentes portadas. Pero, al fin, tuvieron querendirse ante la incontenible demanda que generaba, boca a boca, un públicoentusiasmado. La frase más repetida cuando se hablaba de Mongolia era: “hacíafalta algo así”.

Desde entonces, portadas como laesquela de “Rajoy ha muerto” olas dedicadas a la infanta Cristina, ya fuese desnuda o entre barrotes contandosus aventuras carcelarias han creado una enorme polémica en España,convirtiendo a Mongolia en el enemigo número uno de gran parte de la prensa ylos comentaristas políticos de la casta.

Sin embargo desde los sectores máscríticos con el actual estado de cosas su aparición ha sido saludada como unacontecimiento impactante y un fenómeno de cuya importancia se hicieron ecoThe Guardian y otras cabeceras de laprensa extranjera.

La burla inmisericorde que sepractica contra los poderosos y los medios de comunicación ha traído consigo laabierta hostilidad de estos últimos.

Basta como muestra que ni uno solo harecogido la noticia de este premio en Italia. Sin embargo es precisamente esaactitud insobornable la que le granjea el favor de los lectores en unosmomentos de cambio en que las actitudes tibias son consideradas como cómplicesdel sistema. Tal es el caso de la veterana revista El Jueves, cuya influencia en el ámbito del humor gráfico está encrisis, sobre todo cuando se supo de su autocensura durante el proceso deabdicación del anterior rey.

Una censura que trajo consigo la dimisión de granparte de los ilustradores más prestigiosos y con más talento de la revista.

Mongolia, entre tanto, caminainteligentemente de polémica en polémica con el aplauso enfervorizado de unapoblación hastiada del actual estado de cosas. Una población que encuentra ensu irreverencia una interpretación de la realidad más fiel que el espejismoencubridor que ofrece la prensa diaria.

En los últimos meses está de girapor los teatros de España  “Mongolia:el musical” que obliga a colocar en cada una de sus funciones el cartel de“entradas agotadas”. Un espectáculo hilarante, un musical “que puede que notenga canciones” y que trata la homofobia, el racismo, la corrupción, lapolítica y la monarquía de un modo fresco, provocador e incendiario.

Gasolina para una ciudadanía quenecesita de autos de fe. 

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