"Dirigida por Clint Eastwood" Palabras mágicas que son música para la taquilla. Espectadores entusiastas de sus spaguetti-western y de quien fuera Harry Calahan, en pleno conocimiento de que su carrera ha evolucionado y de que se ha convertido, si no lo era ya, en uno de los grandes, acuden, cada vez que estrena película, a comprobar que la leyenda siga en forma y nos ofrezca de nuevo una historia con toda la maestría que lo caracteriza. Lo hizo con su ópera prima, Escalofrío en la noche, en 1971, y desde entonces apenas ha parado de demostrar que es una leyenda por algo y que es capaz de superarse sin esfuerzo.

Actor de presencia sólida y voz cascada y susurrante, bastante alejada de la de su doblador habitual en nuestro país, el ya fallecido Constantino Romero, con el que su timbre está erróneamente identificado, ha tenido una segunda y prolífica carrera como director en la que su labor ha brillado hasta el punto de llegar, en ocasiones, a comparársele con el clasicismo de John Ford.

Palabras mayores para un artesano que generalmente las merece porque Bird, Sin perdón, Un mundo perfecto, Los puentes de Madison, Mystic River o Million Dollar Baby están unánimemente consideradas como joyas que han contribuido a que el Cine continúe siendo un arte.

Se ha atrevido a muchas cosas a lo largo de su filmografía, como a rodar comedia (Space Cowboys) o a darnos las dos caras de la moneda de la batalla de Iwo Jima en la discutible Banderas de nuestros padres y la sublime Cartas desde Iwo Jima, que realizó en japonés porque ese es el idioma original de los soldados que protagonizaron el lado menos conocido de la contienda. 76 años tenía cuando filmó esa obra maestra y aún estaba por llegar Gran Torino, divertida, conmovedora y todo un homenaje a ese cine que otrora lo hizo célebre gracias a su personaje de Walt Kowalski, un veterano de la guerra de Corea que hace lo posible por integrarse en su barrio, aunque no le sea nada fácil.

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A ella le siguieron trabajos con los que, al igual que ocurriera con Deuda de sangre la unanimidad no fue tanta, y tienen sus detractores: El intercambio, Invictus, Más allá de la vida o J. Edgar dejaron a los espectadores escépticos de que verdad esas películas que veían las hubiera firmado Clint Eastwood. Algo fallaba en ellas y no era solo el maquillaje que envejecía tan mal al Hoover interpretado por Leonardo DiCaprio. Clint había perdido la precisión, la magia de llevar con arte el timón, el toque que lograba que sus películas fueran algo único. Lo que se proyectaba en la pantalla era una realización rutinaria que aburría más que enganchaba, y lo que no debía bajar de la excelencia se estaba volviendo pura mediocridad.

Ahora nos llega Jersey Boys, la biografía del grupo The Four Seasons capitaneados por el famosísimo Frankie Valli, un trabajo que nos vuelve a dejar con las ganas e recuperar al mejor Clint. Una película que no acaba de emocionar como debe y que no pasará a la Historia como su cinta más redonda.

Esperemos que American Sniper, otra biografía, en esta ocasión la de un militar de los Navy SEAL con 150 muertes en su haber, y que protagoniza Bradley Cooper, suponga el retorno del admirado genio.