Querido español: Esta carta va dirigida a ti, ese tipo de español que odia todo lo que tenga el nombre de Cataluña, que huela a catalán e incluso que pueda ser susceptible de venir de esta tierra de gente mala, malísima, que pretenden acabar con la hegemonía y soberanía de esa "una, grande y libre" que tanto ha hecho por el bienestar de todos. Ese español que piensa, porque también lo hace de vez en cuando, que Franco debería haber aniquilado y quemado todo lo relacionado con esa gente que ladra en vez de hablar, que sólo ama al dinero, que sus platos más famosos son unas cebolletas y unos hongos, y que nunca han tenido una historia propia sino que se la han inventado y han estado lavando el cerebro de todo aquél que se ha dejado embaucar por ellos.

Esta carta va para ti.

Compruebo, no sé si con alegría o con mucha pena, que no todas las neuronas se te han independizado del cerebro, ya que te queda una que la utilizas para tergiversar la historia, lo que es aún peor que no tenerla. Pero lo encuentro normal, es lo que has mamado desde pequeño, lo que te han metido en la cabeza día a día, en la escuela, en tu casa, en el bar de la esquina, en las reuniones familiares, en todas partes. ¿Cómo vais a ver las cosas de otra manera si nunca se os ha dado la posibilidad de poder pensar que existen otras verdades muy diferentes a las que os han embutido en el cerebro durante años? No, no es culpa tuya, es culpa de los gobernantes de la época en que te tocó ser educado, esos que se encargaron de modificar la historia a su voluntad, para que todo fuera como ellos querían.

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Porque, como bien dijo alguien con bastante sentido común, la historia la reescriben los ganadores, modificando e incluso haciendo desaparecer datos históricos de los que fueron derrotados. Como hizo la "Santa Madre Iglesia" cuando fueron expulsados del todo los musulmanes de España, reconvirtiendo centros de culto, adoración y rezo del Corán en catedrales, como el caso de la Mezquita de Córdoba (que ahora quieren que se la llame "la Catedral de Córdoba"), una aberrante reforma arquitectónica que ha intentado destruir el encanto que tenía el interior original, instalando una basílica cristiana para humillar al enemigo vencido y demostrar la supremacía de la religión católica. Pero ten en cuenta lo que dijo el cineasta argentino Eduardo Mignogna, cuyas palabras tenían mucha razón: "Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que existe otra historia".

Pero a pesar de no ser culpa de los que recibisteis esa educación "tuneada", lo cierto es que os empeñáis más en imponerla a los demás que en intentar ampliar el abanico de posibilidades que ofrece la red de redes para contrastar, la información recibida por esos "vencedores", con la que otros han escrito objetivamente, sin estar implicados ni con los vencedores ni con los vencidos.

Así eres tú, ese típico español que, después de estropear el aparato, se pone a leer las instrucciones de uso, y en muchas ocasiones ni eso, se va a reclamar indignado por mal funcionamiento, sintiéndose estafado. Y así nos va, que nos hemos convertido en los bufones de Europa, que hasta los italianos, que siempre han estado por detrás en casi todo, se ríen de nosotros a carcajadas cuando les dicen que somos "el ejemplo a seguir".

Sigue así, con tus burlas, tus insultos, tu espíritu de supremacía sobre los demás, pretendiendo ser dueño y señor de la voluntad de cualquier mayoría minoritaria, por el simple hecho de tener una memoria histórica convenientemente retocada, convirtiendo en conquistadores y soberanos a un país que lo único que hizo fue invadir, expoliar, asesinar y arrebatar tierras a todos los pueblos que se encontraban en su anodino camino. Pregunta por Latinoamérica lo que piensan de los españoles, que muchas veces, cuando he estado por allí, me ha dado vergüenza decir que soy uno de los descendientes de aquellos que masacraron a sus antepasados... Pregúntale a ellos qué opinan de aquellos españoles que, como iban buscando las Indias y llegaron a sus hasta entonces territorios, los llamaron indios y les contagiaron todas sus enfermedades, que como les eran desconocidas y nuevas para ellos, como la sífilis o el escorbuto, provocaron infinidad de muertes. Pregúntales a ellos, no a mí, un "triste catalán independentista loco" que sólo desea poder decidir sobre su futuro, intervenir, proporcionalmente con mi voz y mi voto, en las decisiones gubernamentales, tal y como define el diccionario de la RAE la palabra "democracia". Porque llamarlo de cualquier otra manera es hacer demagogia barata.

Por supuesto, paralelamente corre el asunto de la autofinanciación económica, una cosa tan básica que, si puede encontrarse dentro de cada casa, ¿por qué no va a poder hacerse a nivel de una comunidad de ciudadanos con los mismos deseos de autogobierno? ¿O acaso tú prefieres que tus cuentas personales, tus ingresos, tus gastos, tus recibos, tus préstamos, tus transferencias y todo lo relacionado con tu economía familiar sea gestionado el presidente de la comunidad de propietarios o, peor aún, el alcalde de tu pueblo? No, ¿verdad? Pues el pueblo catalán tampoco quiere que lo manejen españoles como tú desde el gobierno central, a distancia y en diferido.

No te lo tomes como algo personal, español anti-catalán, no es contigo, sino con los que han hecho de ti y otros cientos de miles unas mentes que, por defecto, estén siempre en contra de todo lo que tenga que ver con el pueblo catalán, vasco y todos los que pretendan preservar y mantener con vida sus símbolos de identidad y cultura aún a pesar de todos intentos de hacerlos desaparecer a lo largo de la historia. En el fondo estoy convencido de que no eres tan mala persona como quieres hacerme creer, y aún estás a tiempo de demostrarme que no me equivoco contigo. Sólo tienes que pararte un momento, pensar por ti mismo, y sacar tus propias conclusiones, sin que nadie te diga lo que debes pensar ni dirija tu forma de hacerlo. Te darás cuenta de muchas cosas, español que ahora odias a un catalán como yo, como mi familia, como mis amigos y como otros siete millones más. Y puede que entonces, y sólo entonces, dejes de odiarme, de odiarnos, y empieces a entender por qué hacemos lo que hacemos y decimos lo que decimos.

Recibe el más cordial de los saludos y mis deseos de felicidad y bienestar, español, de parte de un catalán, de muchísimos catalanes, que a pesar de estar en el centro de tu odio, no te guardan rencor y confían en que, algún día, puedas desearles lo mismo...