Mueren mil caras en el firmamento del mundo del espectáculo... Y sin embargo no dejarán de brillar por que han sido gravadas. Parece que el Peter Pan ha encontrado la forma de volver a ser aquel niño que volaba con una sombra rebelde que tendía a escaparse del cuerpo del niño sin par. Un nuevo eslabón en la cadena de desapariciones de estrellas que alumbran tanto el firmamento que caen, en lo que esta, la mano que escribe denomina el síndrome de no alcanzarse a uno mismo.

Buscando en la memoria reciente, recuerdo a las personas de buena voluntad preguntando a cerca de que es lo que puede impulsar a una persona que en apariencia goza de muchas de las cosas a las que muchos de nosotros, simples mortales, no podemos acceder, a perderse en un mundo de adicciones que desemboca, también en forma aparente al suicidio.

Espero me permitan la licencia de afirmar que, no hay nadie que haya dejado  la compañía de éste su planeta sin haber hecho lo mismo. Lo sé, muchos mueren de vejez o enfermedad. Otros lo hacen por accidente. Pero que es el suicidio sino un accidente.

Para, virar u poco la esencia de este artículo, me gustaría romper una lanza en favor de todo artista que sobresale por su capacidad de entrar en un mundo en el que todo es casi perfecto.Y del que cuando sale muchos se benefician.

Los actores, actrices, cantantes, bailarines, pintores, poetas y todo el elenco de nobles profesionales, son víctimas entonces del contacto sublime, o por decirlo de otro modo; Ellos y ellas han morado en los sueños de un mañana perfecto y han sabido abrir esas puertas a personajes de creatividad menor.

No lo entiendes, o no me crees. Eso es lo que deben pensar estos ilustres al ver que su entorno no les permite creerse el personaje que trajeron consigo desde un lugar del universo en el que las formas se ven de otro modo.

Siempre lúcidas y  serenas. Para acabar un pequeño relato en memoria de Robin y de todas y todos, los que como él creyeron a su manera en la posibilidad de un mundo mejor sin necesidad de tener que abandonarlo.

Dicen que en la tierra moraba un niño, de ojos despiertos. Este niño creció sin dejar de ser niño hasta un punto en el que el propio niño no se reconoció en el espejo. Rebelde como ninguno, no aceptó la fealdad de la vejez, así que continuó comportándose de acuerdo a lo que consideraba su propia naturaleza.

No fue fácil, pues todo el entorno se empecinaba en señalar las partes de su cuerpo ya marchitas. Por la noche, acurrucado... Como un niño, llorando como un niño, rezaba en su corazón... Un día, cedió e intentó ser adulto, incluso mayor de lo que era. Ese día cesaron los sueños y un nuevo viaje comenzó... acompañado de un cuerpo que sin saberlo, jamás dejó de moldear. Robin Williams no se va. El actor de las mil caras es ahora el de las mil y una caras.

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