El verano es la estación ideal para disfrutar del mar, y en especial de la navegación. Un lujo que ya no es tal, ya que en la actualidad la oferta de alquiler de embarcaciones y venta de segunda mano hace que sea accesible para mucha más gente. No nos referimos, por supuesto, a aquellas personas que eligen el barco como modo de vida, haciendo de la relación con el mar su filosofía vital, sino de los que buscan la práctica de la navegación como deporte o hobby.

Si el presupuesto lo permite y optamos por comprar una embarcación, surge el primer dilema: ¿velero o motora? Las dos opciones presentan diferencias sustanciales que hay que tener muy en cuenta. En ambos casos, eso sí, no olvidemos que hay que tener los números bien cuadrados para cubrir los gastos del atraque y mantenimiento.

La navegación a motor permite singladuras rápidas, llegar en poco tiempo a esa cala encantadora y fondear allí para pasar un día espléndido, o trasladar el barco de un puerto a otro con rapidez. Su habitabilidad interior, siempre en función de la eslora o longitud del barco de proa a popa, claro está, es mayor que la de un velero. Y la navegación es mucho más sencilla, ya que no requiere de complejas maniobras con las velas ni de una tripulación preparada para ello. Permite además acercarse mucho más a la costa, por su menor calado o fondo. Pero una de las mayores desventajas es el elevado gasto de combustible, y la menor autonomía de una motora que, según la capacidad de sus tanques, obligará a repostar mucho más a menudo. Igualmente, el mantenimiento de sus motores demanda mucha más atención y coste.

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La navegación a vela supone una mayor autonomía en los desplazamientos, y su motor tiene a priori una función auxiliar, que usaremos en las entradas y salidas de puerto o en caso de ausencia de viento, porque éste será, obviamente, nuestro principal aliado. Para los más puristas, es la verdadera navegación, el arte de dominar los elementos naturales, de ponerlos a nuestro servicio, y sencillamente disfrutar del ruido de las olas rompiendo contra el casco. La meteorología es el principal factor a tener en cuenta, que permitirá una estupenda travesía "viento en popa a toda vela", o nos hará desesperarnos si entramos en una "calma chicha". Precisa de conocimientos específicos y de una tripulación igualmente formada para manejar velas y cabos. El espacio interior, también en función de la eslora claro está, es más limitado que el de una motora. Y la escora o inclinación del casco durante la travesía a vela no resulta igual de cómoda para todo el mundo, aunque en caso de mal tiempo la estabilidad del velero es mejor.

El tiempo invertido en dichas travesías es considerablemente mayor que a motor y es necesaria una buena planificación de las mismas. En esta caso, será el mantenimiento del aparejo (velas, mástiles y cabos) lo que requerirá mayor atención.

En cualquier caso, tenemos la suerte de vivir en un país con casi 8.000 kilómetros de costa y dos preciosos archipiélagos que ponen al alcance de nuestras manos el mar Mediterráneo, el mar Cantábrico y el Océano Atlántico. Si se tiene la oportunidad de adentrarse en ellos y conocer la vida marinera, adelante y ¡bienvenidos a bordo!