En cuanto el hombre tuvo razonamiento, creó, al segundo después sus primeras manías y supersticiones. Haber sido un gran científico, artista o padre de la patria, no significa que quede libre de manías. No quiero con esto reírme o despreciar a estos grandes hombres y mujeres, todo lo contrario, creo que estas excentricidades los hacen más humanos y mundanos, porque; ¿Quién no tiene una manía? Aunque sea muy sutil, todos la tenemos.

Un ejemplo lo vemos en la película: As Good As It Gets (Mejor… imposible) donde Jack Nicholson, escenifica a alguien con gravísimos problemas de relacionarse con los demás debido a sus manías y obsesiones.

Hay personas que convierten en rituales cotidianos, comportamientos que se vuelven irracionales y desproporcionados. Por supuesto que ellos lo hacen sin querer y no pueden controlarlos. A continuación les muestro una pequeña lista de algunos casos peculiares de genios, reyes, príncipes y toda clase de personajes.

Para los siguientes artistas: Scott Fitzgerald, Toulouse-Lautrec o James Joyce, beberse todo el alcohol posible era lo esencial para conseguir la inspiración, la lista se hace inmensa pues sabemos que muchos pintores terminaron por tomarse hasta la trementina que usaban para diluir la pintura.

Truman Capote, decía que era un escritor horizontal, pues su musa inspiradora la encontraba cuando estaba en la cama mientras que Somerset Maugham, lo hacía en la bañera.

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Libros

Picasso, Descartes, o Kooning, solo encontraban inspirarse por la noche, y Thomas Wolfe tenía que tocarse los genitales para encontrar la inspiración (hay de todo en la viña del señor).

George III, de Inglaterra, salía desnudo a cazar mariposas por el parque de Saint James, hablaba sin parar por horas, llegaba a ahogarse y traspiraba mucho mientras disertaba, nadie se animaba a cortarle la conversación porque era una terrible afrenta.

Su hijo George IV, tenía la misma manía, hablaba por horas y contaba una y otra vez las mismas anécdotas, la mayoría fruto de su imaginación. Nunca se levantó antes de las 4 de la tarde, pero pasaba la noche despertando a sus ministros y lacayos para preguntar cualquier cosa.

Cristina de Suecia, hizo fabricar un pequeño cañón de 15 cm que disparaba pequeños balines ¡para matar pulgas! Odiaba las pulgas, pero… ¿matarlas a cañonazos?

Tenía un libro donde guardaba una lista de sus pretendientes rechazados, una muy larga lista, donde constaban reyes, príncipes y grandes personajes de toda Europa. Su madre después de la muerte del rey, no salió nunca más de la habitación y guardaba en un relicario de oro, fragmentos del corazón de su amado esposo el Rey Gustavo de Suecia.

La Zarina Rusa Isabel I, tenía varias manías, una eran los hombres, que entraban de 2 en 2 a su habitación y otra eran los vestidos que llegó a acumular más de 15 mil, y que lograba cambiarse entre 3 a 4 veces en una misma noche.

Federico II de Standford, quiso saber cuál era la lengua original del mundo y para eso crió niños en el más absoluto silencio y ver en qué idioma se comunicarían, el siniestro resultado es que los esos pobres niños murieron.

Gustavo III de Suecia, odiaba el café, por lo que propuso un experimento "científico", obligó a dos reos, uno a beber café y otro a beber té. Con el control de dos científicos que iban a vigilar los efectos nocivos que produce beber café. Mientras se hacia el experimento prohibió la bebida en toda Suecia. Murió primero un científico, luego el otro, luego el bebedor de té y en el lecho de muerte del Rey Gustavo dejó en libertad al bebedor de café por haberse sometido a una prueba real, y que les sobrevivió a todos.

Jacobo I de Inglaterra, era un fanático de las telas chinas, principalmente las sedas. Decidió copiar la idea, por lo que hiso traer 10 mil plantas de morera, que plantó en los alrededores del Palacio de Buckingham, trajo también los gusanos. El problema es que los árboles estaban equivocados, pues hay dos tipos de moreras y las que comen los gusanos son las que no dan moras negras. Todos sus esfuerzos y el dinero que gastó fueron de total inutilidad.

El Sultán Turco Salim I, estaba permanentemente alcoholizado. Bebía el vino que se producía en Chipre, por lo que decidió apropiarse de la isla que fue invadida por las fuerzas turcas y donde murieron miles de personas. Este acto fue el inicio de la posterior Batalla de Lepanto, pero el Sultán no participo, puesto que borracho como siempre estaba se resbalo en el baño y se desnucó.

Felipe V, desde pequeño fue muy extraño, cuando creció fue un perturbado al 100%, no permitía que le cortaran el pelo, la barba ni las uñas, éstas habían alcanzado tal proporción en sus pies que tuvo que dejar de caminar.

El príncipe Cristián de Holstein, yerno de la Reina Victoria, había quedado sin un ojo en un accidente de caza. Se mandó hacer una cantidad de ojos de vidrio de diferentes colores, gestos y expresiones, andaba con ellos en una caja y siempre lo mostraba a la concurrencia que miraban espantados. Aquellos ojos, miraban para un lado, otros entrecerrados, otros rojos (decía que era para cuando estaba resfriado) y, era natural verlo intercambiar un ojo por otro según lo demandara la ocasión.

Gaspar Balaus fue una persona brillante para su época, médico, orador, poeta. Sin embargo pensaba que estaba hecho de mantequilla y por eso no se ponía nunca cerca de una fuente de calor, porque pensaba que iba a derretirse.

Henry Cavendish, físico, químico y poseedor de una de las mayores fortunas de Inglaterra, no podía tener contacto con otros seres humanos, si se cruzaba con algún sirviente en su palacio, era despedido inmediatamente. Seguro que este hombre fue el inventor de los post-it, pues era la única forma de comunicación con sus lacayos, a través de notas.

Sabemos que los artistas, los actores de teatro, de cine, hasta los deportistas, tienen manías. Nunca le digas a un actor ¡Suerte!... parece que esto en realidad trae muy mala suerte, hay que decirles "mucha mierda". Un actor que suba al escenario con ropa de color amarillo, significa que esa obra será un fracaso. Nosotros mismos estamos llenos de supersticiones, no derramemos sal, ni rompemos espejos, no pasemos por debajo de una escalera, ayayay! y que nunca se nos cruce un gato negro. Yo les aseguro que ser supersticioso da mala suerte.

Yo misma tengo un montón de manías, ¡odio los pelos!, si veo un pelo en la comida, sobre la mesa o volando por cualquier lado… se me revuelve las tripas. Otra cosa que siempre hice desde pequeña es cuando compro queso, llego a casa veo el taco, el triángulo y tengo que sacarle la punta estrecha, es más fuerte que yo, no puedo ver un queso en la heladera con su punta, se la corto.

¿Ustedes que manías tienen? Vamos será divertido.

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