Según el diccionario de la Real Academia Española, se define como clásico aquello que es típico, pero también lo que es digno de ser imitado. Además de tratarse de un periodo de la historia, lo clásico en las artes (música, literatura, cine) parece oponerse a lo actual, a lo reciente o emergente. Dejando de lado las diferencias, un clásico se reconoce por sus características intrínsecas que lo revitalizan periódicamente, se trata de una obra singular que la aparta de otras genéricamente parecidas; en pocas palabras, un clásico es una obligación. Aunque el verboide "obligar" lleve en sus entrañas ese sentido de poco deseable, y a la vez, de poder -pues hay que hacerlo, se quiera o no - , sume además el sentido moral del deber -que trae dos pasos más atrás a su compañera, la culpa -, y más todavía, aunque muchas veces duela (por el peso de la obligación en sí, el cuerpo también sufre), aun así, hay que conocer a los clásicos.

Cierta manía historicista, contagiada quizás de las ciencias más duras, lleva al hombre a establecer categorías. En este sentido, y para continuar con la línea más clásica, se puede categorizar tipos de clásicos: mundiales, regionales, locales, y por rubros: cine, música, literatura, y así continuar de manera escalonada (obras, autores, géneros, personajes literarios). De acuerdo con ello, la literatura ha dado grandes (y por tanto inolvidables) clásicos.

Según el escritor Ítalo Calvino (1923-1985), un clásico literario debe presentar ciertos requisitos o, superar algunas pruebas a modo de obstáculos. El primero de ellos, es el lector. Una historia clásica no solo encuentra lectores en distintas épocas, sino que tiene la capacidad de que el lector encuentre otra obra en otra época.

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El clásico, por su particularidad, es múltiple: es la historia de muchas otras, que se duplican borgeanamente al mismo tiempo que le suceden los lectores, esto ocurre porque un libro clásico se reinventa, es inagotable. Otra manera de reconocerlo, es conocerlo. Si se "lo tiene de oídas", aunque no se haya tocado una sola página, entonces también puede ser que se esté ante una obra cumbre. Claro que muchas veces suenan títulos o autores solo por moda. Acá se habla de los textos que son conocidos por distintas generaciones. Entre otras consideraciones más, Calvino destaca la importancia no solo de leer a los clásicos, sino de releerlos, un ejercicio que permite descubrir otra de las muchas historias que hay en él, y que a su vez, le posibilita al lector formar su propio acervo de clásicos, que puede o no coincidir con las lecturas hechas en la escuela.

Los clásicos de la literatura son tantos que sería imposible nombrar no menos de cien títulos como para comenzar. Sin embargo, se puede intentar un esbozo literario.

Si de autores clásicos se habla, pues Shakespeare y sus tragedias es uno de ellos; en cuanto a personajes, el nunca igualado y entrañable Don Quijote es un clásico por donde se lo mire; La Odisea, otro clásico compendio de mitos, historia, cultura, y muchísimo más… Hay que leer a los clásicos, porque nunca aburren, porque "engordan" al lector siempre que se los (re)lee, porque son parte de lo que somos -construcciones culturales -y porque además, no necesita fundamento, se justifica en la historia de sus lecturas, un clásico es un clásico.