La población femenina cumpliendo penas privativas de libertad ha aumentado a nivel mundial en los últimos años. Así, por ejemplo, en Argentina, según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el número de mujeres detenidas en cárceles federales aumentó un 193% entre 1990 y 2012. En Europa, España es el estado con una tasa mayor de población reclusa femenina: un 8%. La mayoría, por delitos relacionados con la droga.

Esta tendencia ha planteado nuevos retos para el sistema penitenciario. Por ejemplo, al tratarse de una población menor, en nuestro país únicamente existen 4 establecimientos exclusivos de mujeres, en las que éstas pueden tener un tratamiento más acorde a sus necesidades específicas (estar rodeadas de otras reclusas que favorezcan su resocialización, entre otros).

Sin embargo, eso supone en muchos casos tener que alejarse de la ciudad donde vivían, y por tanto de familia y amigos. 

Otro de los problemas más relevantes, y de carácter más global, es cómo compaginar la maternidad con la privación de libertad. La mayoría de ordenamientos jurídicos prevén la posibilidad de que las reclusas puedan estar en compañía de sus hijos durante la primera etapa de su vida. En el caso español, hasta los tres años de edad. Para ello, la Ley Orgánica General Penitenciaria, mediante una modificación introducida en 1995, prevé la posibilidad de que la Administración celebre convenios con organismos públicos y privados para "potenciar al máximo el desarrollo de la relación materno filial y la formación de la personalidad del niño dentro de la especial circunstancia determinada por el cumplimiento por la madre de la pena privativa de libertad".

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Pero el fomento de la relación materno filial conlleva en este caso una inevitable consecuencia: el hecho de que el menor viva sus primeros años de vida en la cárcel. Es importante destacar que es la mujer, madre del niño o niña menor de tres años, quien tiene la opción de decidir escoger para su hijo esta forma de vida. Pero también es cierto que existen incentivos para escogerla, y no siempre directamente vinculados con el interés del menor, como que las condiciones en módulo de maternidad son mucho más acomodadas que en módulos ordinarios. Por lo que los desafíos que deben resolverse son cómo determinar qué es lo más conveniente para el menor y quién debe determinarlo.