Es la película que ha dado más que hablar por sus escenas eróticas quizás desde "Nueve semanas y media", aunque la que comento aquí la supera ampliamente en todo: interpretación, calidad artística y resultado final.

Pero también por que ha sido capaz de sorprender a alguien tan conocido por sus ideas conservadoras como Steven Spielberg, que en su faceta de Presidente del Jurado en el Festival de Cannes 2013 todo el mundo creía que daría la Palma de Oro a alguna película que se pareciese a sus famosas películas "para toda la familia".

Pues finalmente no fue así, y "La vida de Adèle" se sale completamente de esos cánones, radicalmente, digamos. Y tanto ha maravillado al cineasta que dice con un cierto orgullo que pensaba verla de nuevo en compañía de sus hijos. Hijos ya adultos, no se asusten.

Película del cineasta Abdellatif Kechiche, poco conocido en nuestro país, poco más que por "La escurridiza o cómo esquivar el amor", que como aquella, conserva el estilo realista extremo, la filmación cámara en mano y la banda sonora sólo compuesta de canciones conocidas.

Se basa libremente en el cómic o novela gráfica de Juliette Maroh "El azul es un color cálido", apasionada y sensible historia de amor lésbico con triste final, pero un canto a la vida huyendo de los prejuicios.

Tan libre es la adaptación de Kechiche que cambia incluso el nombre de una de las chicas, Clementine, por Adèle, incluso cambia el final y muchos aspectos. Si leemos antes la novela gráfica y luego vemos la película, encontraremos escenas parecidas al libro y otras cambiadas o suprimidas.

Pero tiene la gran virtud de conservar la esencia del libro, y sus personajes también.

Una adolescente, Adèle (Adèle Exarchopoulos), que estudia en un instituto de Lille, empieza una relación con un compañero de clase, pero su primera relación sexual es un fracaso absoluto y ella queda desconcertada, cortando ambos. Conoce casualmente a la lesbiana Emma (Léa Seydoux, que ya hizo de lesbiana en "Adiós a la reina"), que lleva el pelo teñido de azul, de la cual se enamorará apasionadamente.

Tardará un poco en ser correspondida amorosamente, pero cuando ocurra, la pasión amorosa y sexual estallará de manera asombrosa, directa e incluso poética.

Su primera escena sexual, de planos cortos rodados por el director en una semana y que dura unos ocho minutos, es apabullante en el realismo absoluto del sexo entre las dos, su credibilidad absoluta y que puede asegurarse que consigue un realismo más logrado que las típicas escenas de sexo lésbico en una película porno, ya que se ve a las chicas viviendo su pasión y te las crees.

Además, no se añade música a la misma.

Habrá dos escenas del mismo tipo, pero la película es muchísimo más, muy compleja y muy profunda, con una duración generosa, tres horas. Es de las que mejor se mete en una relación amorosa como la lésbica huyendo de prejuicios.

Claro que también se habló de ella por problemas extracinematográficos, con denuncias mutuas entre director y actrices, ya que él se comportó con ellas al estilo Stanley Kubrick, es decir, les hizo repetir tomas cientos de veces y fue un tirano, algo que él niega.

Adèle Exarchopoulos consigue una interpretación genial, llena de matices y todo tipo de estados de ánimo, y llega a eclipsar a Léa Seydoux, cuyo personaje sale menos en pantalla e incluso es menos grato que el de Adèle, aunque también está genial.



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