"Educar no es dar carrera para vivir,

sino templar el alma para las dificultades de la vida." (Pitágoras)

El papel de las emociones en los procesos de enseñanza-aprendizaje está siendo objeto de renovado interés, revolucionando esta nueva perspectiva el concepto convencional que tenemos de inteligencia. En la actualidad, no solo es importante un buen manejo de las estrategias cognitivas sino que el desarrollo de las estrategias afectivas y la relación que éstas guardan con los procesos educativos también resulta relevante.

La Educación emocional es una innovación en el terreno educativo que está cobrando mayor sentido con el paso del tiempo, constituyendo un desafío fascinante.

La justificación la encontramos en el creciente número de programas de prevención e intervención que se han insertado de inteligencia emocional en las diferentes escuelas e institutos. Pero vale la pena mirar hacia atrás, para descubrir que la educación emocional no es un invento tan moderno como parece, ya que Sócrates, Platón, Aristóteles, Epicuro, Epicteto o Séneca fueron en sus tiempos educadores de los sentimientos. Conocidos éstos bajo el nombre de "pasiones". El aprendizaje de cómo dominarlas formaba parte de la gran educación.

En la actualidad, las instituciones educativas del s. XXI, parecen rescatar estas enseñanzas de manera renovada, comprometiéndose con la doble misión de educar tanto con la cabeza como el corazón, combinando en este caso los aspectos académicos y emocionales, considerándolos interdependientes.

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Educar en emociones, educar para la vida

Toda educación tiene como finalidad el desarrollo humano, atendiendo a las necesidades sociales. Por lo tanto, si la educación debe preparar para la vida, no podemos dejar de lado los aspectos emocionales. Ya que las emociones determinan nuestra relación con el mundo. Esto implica a la educación emocional.

Quizás no seamos conscientes de todo aquello en lo que se encuentran implicadas nuestras emociones. Nadie nos dijo como manejarlas, como cambiarlas o desarrollarlas. Parece como si estuvieran ausentes por el siempre hecho de que no podamos observarlas. Pero, ¿no son fundamentales en nuestro día a día?

Nuestra vida es mucho más rica en emociones de lo que solemos pensar. A pesar de que en muchas situaciones no seamos conscientes, las emociones iluminan y ensombrecen nuestra vida, combinándose para formar un paisaje determinado que además podemos contagiar a los demás.

La salud mental y el bienestar personal dependen en gran medida de cómo nos relacionamos con nuestro entorno y de las emociones que se generan en esta relación.

Un desarrollo emocional óptimo nos ayudará en nuestro crecimiento personal y social, permitiendo un mejor conocimiento sobre nosotros mismos y nuestras relaciones con el mundo.

Pero, ¿en qué consiste la educación emocional?

Según Rafael Bisquerra, la educación emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales del individuo como un elemento esencial de su desarrollo integral, con el objetivo de capacitarle para la vida y teniendo como finalidad fundamental, el aumento del bienestar personal y social.

La Educación Emocional se centra en desarrollar la "Inteligencia Emocional" de los individuos, a través de programas educativos que apuestan por el aprendizaje de diferentes habilidades y competencias emocionales (conciencia emocional, autogestión, regulación emocional, inteligencia interpersonal, habilidades de vida y bienestar) que permitirán a la persona un mejor afrontamiento de las situaciones y una mayor profundización en sí mismos y en las relaciones con los demás.

Así, podemos resumir los objetivos generales de la educación emocional en:

  • Adquirir un mejor conocimiento sobre las propias emociones y aprender a identificar las emociones de los demás.
  • Aprender a desarrollar la habilidad para regular las emociones propias.
  • Prevenir los efectos procedentes de las emociones negativas y aprender a desarrollar la habilidad para generar emociones positivas.
  • Aprender a automotivarse y fluir.

Por lo tanto, la educación emocional no solo constituye una medida preventiva para prevenir problemas como consecuencia de perturbaciones emocionales en nuestro día a día, sino que también se erige como una medida constructiva del desarrollo del bienestar personal y social.

Bibliografía:

Álvarez González, M. (2001). Diseño y evaluación de programas de educación emocional. Barcelona: Cispraxis

Bisquerra, R. (2002) Educación emocional y bienestar. Barcelona: Cispraxis.

Extremera, N. & Fernández-Berrocal, P. (2003). " Educar la inteligencia emocional". Tarmadaba, 6, 4-5