El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, visitó Barcelona el pasado sábado, para, en un acto de partido, reafirmar su posición de defensa de las leyes frente a lo que los populares tildan de "desafío independentista".

Rajoy ha adoptado un discurso de confrontación frente al proceso soberanista, dejando atrás las reiteradas alusiones a dialogar para buscar encaje a una Cataluña que siga formando parte de España, incluida la posibilidad de una reforma constitucional, que parece, de momento, ha quedado aparcada.

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Para Rajoy el resultado del proceso participativo del 9-N fue que "más de dos de cada tres catalanes rechazaron participar", además de generar crispación, dividir a la sociedad y saltarse la ley, pero también "arañar unos votos en las encuestas" a Esquerra Republicana. No así "presentar una Cataluña independentista", objetivo que, según el jefe del Ejecutivo, ha fracasado.

Según el presidente del Gobierno lo que Cataluña necesita es que "alguien" se ocupe de gobernar, y que ese alguien se lo tome "en serio".

Rajoy adopta un discurso de confrontación con Mas
Rajoy adopta un discurso de confrontación con Mas

"Dejarse de pueblos" y atender a la "gente real" y a sus necesidades.

Rajoy enarbola como principal baza las medidas económicas del Estado en Cataluña, como el Fondo de Liquidez Autonómica, el Tesoro de España, así como la deuda con las Farmacias -que se sufragó con el Fondo de pago a Proveedores.

Mientras tanto, el president de la Generalitat, Artur Mas, tras presentar su hoja de ruta el pasado 25 de noviembre, dejó claro que sigue adelante con el proceso soberanista, tras presentar su propuesta de lista única, cuyo mandato tendría un límite de 18 meses, período tras el cual volverían a celebrarse elecciones.

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Con un año electoral en el horizonte, en el que se celebrarán municipales en mayo y generales en noviembre, cada uno de los líderes se centra en su feudo de electores. Mas araña votos de su desafío con Rajoy y su camino hacia la independencia, y el jefe del Ejecutivo a su vez, conocedor de la falta de afecto que existe en Cataluña hacia su partido, aboga ahora por un discurso de confrontación, para mostrar la dureza que parte del núcleo duro le reprochó no haber mostrado cuando finalmente en el 9N hubo urnas en los colegios.

Los dos mandatarios, bajo cuyo liderazgo se encuentra la obligación de gobernar un país y una comunidad, están enzarzados en cruce de dimes y diretes, que más bien obedecen a un objetivo electoralista que a un enfrentamiento real. No olvidemos después de todo que el partido del Gobierno siempre ha contado con el apoyo de CiU -Pacto del Majestic- para cuestiones de especial trascendencia.

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