Hace ahora ocho años surgió un nuevo partido político al amparo de las demandas ciudadanas de mayor pluralidad democrática. Este germen, que se ha visto desbocado en los últimos años con la aparición de nuevos partidos, principalmente Podemos, han contribuido a diversificar y aumentar la democracia española, anquilosada en el bipartidismo y los partidos nacionalistas desde los acuerdos de la Transición.

Albert Rivera, líder de Ciutadans, expuso en 2006 las directrices de un partido que surgió de iniciativas ciudadanas, posicionadas en un determinado espectro ideológico, pero que nació de la unión de personas de la calle dispuestas a empezar a hablar de política para todos los ciudadanos.

El siguiente año, al calor de la necesidad de diversidad de los partidos políticos tradicionales, Rosa Diez, hasta entonces diputada por el PSOE, creó UPyD (Unión, Progreso y Democracia), para convertirse en una tercera fuerza y poner fin así a la tradición democrática bipartidista.

El espectro hasta entonces era claro, ya que Ciutadans se ceñía a Cataluña y UPyD al resto del Estado. Ambos partidos fueron creciendo y ganando votos elecciones tras elecciones, hasta alcanzar unos 500.000 votos la primera y un millón de votos la segunda...hasta la irrupción de Podemos.

Desde el nacimiento de este partido ambas fuerzas han visto como una parte importante del voto protesta que antes lideraban se ha trasladado a esta nueva fuerza política.

Y ambos partidos son conscientes de la necesidad de un partido político fuerte en el espectro ideológico en el que se mueven, pero que, sin ir de la mano, no serán lo suficientemente robustos como para sacar un buen resultado.

Una unión de ambos partidos representaría la cuarta fuerza política española y no fragmentaría el voto en dos partidos.

Y aquí es donde se presenta el problema. A pesar de las numerosas reuniones de ambos partidos para oficializar una candidatura conjunta, los roces y envidias mutuas no hacen más que incrementar sus diferencias, mientras que sus actuales o posibles votantes no hacen más que mirar con estupefacción esta situación irónica.

La suerte y el futuro de ambos partidos está en la mano de Rosa Diez y Albert Rivera, ¿dejarán de lado sus enfrentamientos personales y mirarán a un futuro común o dejarán caer a ambos partidos como pasó con el fallido CDS? 

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