Dolor. Una mirada que desgarra el alma. Cuando ves esta imagen, es lo que crees que sintió Santa. Una vida dedicada a un dueño que terminó por abandonarla en un refugio sin importarle qué sería de ella.

Así la llamaron, Santa. Estuvo ingresada en un hospital veterinario hasta el día de hoy que ha fallecido.

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Se intuye que estuvo toda su vida criando y cazando para servir a un dueño quien jamás la acarició ni la cuidó. Quien no ha dudado en desprenderse de ella cuando no le ha servido como si de un trapo viejo se tratase. Es prácticamente seguro el hecho de que si Santa llega a ver a su dueño por última vez ésta habría movido el rabito gastando así sus últimas fuerzas.

Así son los animales. Aman sin condiciones y hasta la muerte, la cual hoy se ha llevado a esta pequeña.

Santa se encontraba en un estado lamentable.
Santa se encontraba en un estado lamentable.

Santa tenía once años y entre otras muchas cosas, padecía un tumor inoperable en su mandíbula.

Sus salvadoras del refugio lamentaban haber llegado tarde, pero en realidad quien la entregó tarde fue ese dueño que jamás veló por ella.

Esas personas que la atendieron desde la primera vez que la vieron fueron sus ángeles de la guarda, no dudaron ni un segundo en ayudarla de la forma que fuera y así lo hicieron.

Solo se podía aspirar a que la podenquita tuviese una muerte dulce.

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Tuvo que pasar toda una vida de penurias para dar por primera vez con personas que sí le demostraron amor y ternura en sus últimos momentos.

Esta es la realidad de muchos perros de caza a diario. Tras la temporada de caza son encontrados perros brutalmente asesinados, son dejados en perreras o como el caso de Santa los usan mientras para ellos tienen algún uso.

Se sabe que hay un proceso abierto en contra de su antiguo dueño, un cazador de 73 años de edad, de San Miguel de Geneto, por el delito de maltrato animal, que está tipificado en el artículo 337 del Código Penal.

La perrita llegó en un estado lamentable al centro. Sus huesos marcando su piel, su estado de deshidratación y el visible tumor hicieron palidecer a los que por primera vez la vieron. Era bastante evidente que llevaba semanas sin ingerir alimentos.

Poco se pudo hacer por ella, tan solo cuidarla y darle amor hasta que su cuerpo ya no resistiera más y tratar de que este hecho no vuelva a repetirse.

De no ser entregada por ese dueño habría muerto entre dolor, sufrimiento y soledad.

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Una muerte agónica, que ningún humano habría podido soportar. Quizás es lo único bueno que hizo ese cazador en toda su vida por Santa, haberla entregado para que ella al fin haya conocido qué es el amor y haber muerto con la sensación de que alguien sí la quiso.

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