Esta misma tarde, el nuevo representante de CDC, Josep Rull, ha dejado bien claro que la Generalitat será la encargada de seguir con el proceso de consulta, y hace escasamente unos minutos ha declarado públicamente que "seré yo mismo el que, la noche del domingo, dé los resultados de la consulta". O sea, que la propuesta ofertada por Mariano Rajoy de que se mantengan al margen es evidente que ha sido rechazada.

Según publica en su portada el periódico nacional El País, Mariano Rajoy está dispuesto a tolerar el 9-N como "libertad de expresión", a condición de que la Generalitat se mantenga al margen. Lo cuál no deja de ser una declaración un tanto extraña, ya que hasta hace tan sólo unas horas estaba completamente decidido a impedir, a toda costa, que esa consulta popular se celebrara. Lo ha hecho por activa y por pasiva: Ha presentado dos recursos al TC, al que ha obligado a aprobarlos, para que suspendiera la primera convocatoria aprobada por decreto por el gobierno catalán y, posteriormente, la alternativa "descafeinada" que se decidió realizar al día siguiente de la suspensión cautelar; se ha encargado de gritar a los cuatro vientos lo malos que son los catalanistas que pretenden separar Cataluña de España.

Él y su partido se han dedicado en cuerpo y alma a remover todos los bajos fondos para intentar encontrar "basura política" relacionada con los representantes de los partidos que reivindican el derecho a decidir (cosa que todos los catalanes agradecen, ya que es un trabajo que les van a ahorrar para el día que lleguen a conseguir la independencia); ha demostrado un abuso de autoridad y una actitud excesivamente "chulesca" negándole en todo momento cualquier tipo de intento de diálogo que fuera darle la razón y agachar la cabeza; ha ordenado movimientos por carreteras y poblaciones catalanas de unos cuantos soldados y varios vehículos militares a falta de muy pocos días para el 9-N.

Se han encargado de filtrar en redes sociales entrenamientos del ejército de tierra para que puedan estar preparados en caso de tener que actuar frente a "serios problemas civiles", y hasta han llegado a amenazar con bloquear todas las señales de Internet durante el domingo 9 para evitar que los que quieran votar puedan consultar posibles dudas, y varias otras estrategias que no le han resultado como él quería.

¿Cómo, señor presidente, pretende ahora que Artur Mas, o cualquiera de los catalanes que desean decir este domingo lo que opinan sobre su futuro, puedan confiar en sus palabras, que encima llevan implícitas un detalle de superioridad ("dispuesto a tolerar") y un condicionante unilateral que no piensan cumplir? Como siempre, sus palabras llegan mal y, sobre todo, tarde.

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