Durante el siglo de Oro, en Castilla abundaba un personaje altamente reflejado en la literatura: el Pícaro. El más conocido es Lazarillo de Tormes, pero hay muchas más novelas (El Buscón de Quevedo por ejemplo) que narran la historia de estos personajes, los cuales, aprovechando una sociedad donde trabajar es de tontos y vulgares, adquirían notoriedad y respeto aunque fueran unos parásitos. Estos personajes aprovechan una sociedad injusta a su favor, y aunque están fuera de los círculos de poder, gracias a tretas, estafas y engaños, escalan en la pirámide social. A veces se les compara con el Arlecchino de la Comedia dell'Arte Italiana, pero mientras el italiano simplemente se burla del poder y esquiva sus envites para sobrevivir, el castellano es un pequeño delincuente que aprovecha este poder para afianzar su posición.

No es de extrañar entonces que Francisco Nicolás, rebautizado como el Pequeño Nicolás, sea un personaje admirado por la población española. Este delincuente que se dedicaba a la extorsión, soborno y tráfico de influencias; se le ve como un Lazarillo del siglo XXI. Esta percepción se consolida sobre todo después de ver su biografía en Equipo de Investigación y la entrevista en Tele5; ambas han mostrado un nuevo héroe nacional, alguien que ha hecho lo mismo que los políticos profesionales pero sin serlo y antes de los 25 años.

Así que tenemos el nuevo modelo de adolescente. Alguien que aprueba bachillerato gracias a ser matriculado en un instituto para futuros deportistas de élite, alguien que se matricula en una universidad elitista y que sobrevive aprobando una asignatura por año pero que hace de portero en discotecas, que consigue cosas (y no me voy a poner en qué cosas), y lo más increíble de todo es que asesora a políticos 30 años más grandes que él.

Los humanos como animales gregarios que somos tendimos a cuadrarnos ante alguien que muestra signos de autoridad. Fotografiarse al lado de la autoridad es una manera de mostrar posición. Pero ahí arriba se necesitan más que fotos. Una invitación a la coronación implica posición real. Y aquí es donde saltan las preguntas ¿era tan farsante como nos quiere hacer creer? Seguramente hay mucha fantasía en su relato, pero no tanta como nos quieren hacer creer; aunque si fuera verdad la versión oficial ¡qué atajo de cretinos nos mandan! Obviamente hay un componente de suerte en su currículo, pero es muy extraño que con 15 años, por muy espabilado y osado que uno sea, se pueda colar en los núcleos de poder así como así. Entre otras cosas porque sin un linaje ni currículo (y eso se adquiere con los años) no te puedes ni acercar.

Cada día hay ejemplos de héroes cotidianos luchando por sobrevivir pero admiran al Pequeño Nicolás que vivía como un dios a costa de los demás. ¿No será que querrían ser como él?

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