El mismo día que el Congreso de los Diputados español, casi por unanimidad, insta al gobierno para que España reconozca el Estado de Palestina, un nuevo atentado hace más difícil todavía la paz en aquella tierra tan sagrada para tres religiones. Podría ser casualidad si no fuese porque donde hay atentados casi todos los días es casi imposible que no haya coincidencias.

Si nos fuéramos a los antecedentes históricos o bíblicos podríamos decir que son miles de años los que llevan enfrentados a muerte judíos y palestinos, pero sólo con la historia reciente de las últimas décadas, desde que la O.N.U.

accedió a reconocer la existencia de un estado de Israel en territorio palestino, las guerras y los atentados terroristas han sido el pan de cada día de dos naciones en las que los odios y resentimientos lejos de aminorar son mayores cada día.

Esta vez no se ha tratado de un atentado estrictamente suicida (los más habituales) pues los terroristas no se han inmolado con cintos de explosivos matando a quienes estaban a su alrededor, pero casi, pues los atacantes, de nacionalidad árabes, sabían perfectamente que iban a morir cuando empezaron a matar, armados uno con una pistola y el otro con un cuchillo, irrumpieron en una sinagoga y mataron e hirieron a todos los judíos que pudieron (cinco muertos y siete heridos) hasta que fueron abatidos por las fuerzas antiterroristas israelíes.

Da igual qué facción palestina u organización islámica sea la que haya realizado el atentado, varias hay y para todos los gustos, con un principal denominador común, el odio a muerte a Israel. Como sabidas son, inexorablemente, las consecuencias del atentado, la reacción contundente del gobierno israelí, no sólo persiguiendo policial y militarmente a los causantes, sino ejecutando duras acciones de castigo, en este caso, ya ha sido demolida la vivienda familiar de un palestino que cometió un atentado el pasado 22 de Octubre.

La política del gobierno de Israel, más que del gobierno, del estado mismo pues suele ser la misma gobierne quien gobierne en Israel, es no dejar sin respuesta ningún atentado. 

Es una dinámica interminable y suicida que no hace sino alimentar los odios mutuos y la escalada de la violencia y que hace cada día más difícil la paz. Múltiples han sido los intentos de Paz desde que empezó el conflicto, auspiciados por la O.N.U., por las naciones árabes, por los Estados Unidos, por la Unión Europea, por Rusia o antes la U.R.S.S..

Algunas veces parecía que se podía conseguir, siempre, antes o después, el proceso se frustraba. 

Existen resoluciones de la O.N.U. que establecen la existencia de dos estados, cada uno con sus respectivos territorios, Israel y Palestina, por supuesto, ninguno reconoce la existencia del otro, lo que sería el paso previo imprescindible para poder hablar de fronteras y otras cosas. Tampoco ninguno de los dos tiene el reconocimiento unánime de la comunidad internacional.

España no reconoció el estado de Israel hasta 1986, gracias al empeño de los dirigentes socialistas Enrique y Fernando Múgica Herzog, hijos de madre judía, y todavía no ha reconocido el estado palestino, siendo lo aprobado ayer en el Congreso sólo un primer paso que deberá completar el Gobierno, sin calendario para ello.

De los países de la Unión Europea sólo Suecia (que no es miembro de la O.T.A.N.) ha reconocido ya a Palestina, y Polonia, que la había reconocido antes de ser miembro de la Unión Europea. Pero la paz necesitará mucho más que reconocimientos internacionales.

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