Según informa el diario Público.es, los conservadores del Brasil no han digerido nada bien la derrota por la mínima en las elecciones presidenciales del candidato Aécio Neves (nieto de Tancredo Neves, que iba a ser el primer Presidente brasileño después de la dictadura militar, pero falleció antes de tomar posesión) frente a Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores.

Varias semanas después de la segunda vuelta, sigue habiendo manifestaciones exigiendo un recuento de los votos, el "impeachment" contra la Presidenta (destituirla de su cargo) e incluso piden que los militares, que gobernaron dictatorialmente el país durante dos décadas, den un golpe de Estado para acabar "con la dictadura del PT".

Incluso hay connotaciones racistas y clasistas en esta rabia de la derecha brasileña, que tiene en la gran ciudad de Sao Paulo su principal feudo y concentra el Sur rico contra el Norte más pobre.

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Una muestra es el coronel Telhada, diputado del partido de la oposición por Sao Paulo, exigiendo que la gente del Sur y Sudeste del país se separe de la del Norte y Nordeste por haber dado ésta última la victoria a Dilma. Entre los que apoyaron a la Presidenta del PT están los habitantes de las famosas favelas, que todos conocen por su alto índice de pobreza, que desde que gobierna el PT han podido mejorar su status social.

En la campaña electoral, recordaba también Público.es el mes pasado, algunos partidarios del PT recibieron amenazas y agresiones de gente conservadora en Sao Paulo, desde un famoso poeta a un militante del PT paralítico.

Y en redes sociales se pudieron leer mensajes rozando el nazismo puro como "Un 70 % de votos para Dilma en el Nordeste del Brasil. Médicos del Nordeste, hagan un Holocausto por ahí, tenemos que cambiar esa realidad. Castración química para los nordestinos" o "Tenemos que tirar en el Nordeste una bomba como la de Nagasaki para que ni en 70 años salga ni una flor".

Durante una gran manifestación de hace días en Sao Paulo, donde se volvió a suplicar a los militares que tomen ya el poder, saltaron las alarmas al ver a uno de los diputados más radicales, Eduardo Bolsonaro, con una pistola en el pantalón, que las cámaras de televisión captaron.

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Se habla de clima de odio paranoico en las calles, y periodistas de La Folha de Sao Paulo han denunciado amenazas de muerte por radicales.

Lobao, un rockero muy conocido en Brasil y conservador, dijo que se exiliaría en Miami si ganaba otra vez el PT, aunque se ha quedado para ayudar a la oposición a recuperar el poder. Ha sido el organizador de las manifestaciones mencionadas, pero ha tenido que decir que está en contra de otra dictadura militar en su país para no quedar mal.

Incluso Bolsonaro quiso aparecer más moderado y se dejó su arma en casa.

Todo esto ha dividido a la oposición, que apoya las manifestaciones, pero a la que no le gusta nada estas pretensiones totalitarias. Ha tenido que salir el ex Presidente conservador Fernando Henrique Cardoso a poner calma, aunque se le ve dividido entre ambas tendencias. Por otro lado, la propia Presidenta Dilma Rousseff, que ha acabado su primera Legislatura de manera polémica, sabe que tiene un país en crisis galopante, con disturbios que todo el mundo vio durante el Mundial de fútbol y que sigue sin tener el carisma que sí tenía Lula. Pero estas maneras de criticarla de la oposición en Europa se asociarían más con Marine Le Pen o con la ultraderecha húngara que con gente demócrata de verdad.

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