Posiblemente, cuando estas letras vean la luz, la tonadillera que, según los entendidos del mundo coplero, mejor mueve la bata de cola encima de un escenario, se convertirá en la protagonista de su copla más amarga, la más triste de todas cuantas haya cantado a lo largo de su vida. El capítulo de su biografía en el que se escribieron los párrafos de su noviazgo y romance con el ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz, con quién no mantiene ya ningún tipo de relación, se ha cerrado definitivamente y de la peor de las maneras para ella.

Ni el trío formado por los compositores y músicos españoles de copla andaluza, León, Quintero y Quiroga, de quienes la Pantoja gusta de cantar sus letras, podían haberle escrito romanza más amarga.

Su historia de amor, durante la que postuló a alcaldesa consorte, le ha llevado a correr la misma suerte que su más directa rival, la ex esposa despechada y agraviada de manera pública ante toda España, cuando fue engañada y burlada tras descubrirse que su marido y la cantante mantenían una relación ilícita.

Despecho que la empujó a recorrerse los platós de las televisiones despotricando contra ellos y gritando a los cuatros vientos las fullerías de su ex marido, sin ser consciente, tal vez cegada por la ira, de que, actuando así, se auto-inculpaba como cómplice de las tropelías del que fue su pareja durante más de veinte años. Ambas van a pasar una larga temporada entre rejas, aunque en centros penitenciarios diferentes.

Y es que, es lo que pasa cuando se transgrede la ley, que tarde o temprano, se debe rendir cuentas ante la justicia.

El mundo pantojil está revuelto. Sus fans hasta han abierto un número de cuenta con la ilusa intención de recaudar el dineral que a su estrella amada le reclama el despiadado juez, creyendo ingenuas, que tal vez así, esta puede librarse de su condena. Pero para disgusto de sus acólitas, lo recaudado hasta ahora ha sido insuficiente.

Y no solo eso. La cantante pasará, a no ser que un recurso milagroso lo corrija, los próximos dos años viviendo en una celda y rodeada de otras reclusas, entre las que, posiblemente, también encontrará fieles admiradoras.

En ocasiones, la justicia divina le echa una mano a la justicia del hombre, cerrando así el círculo para que todo vuelva a fluir de manera armoniosa. Quién se apropia de manera inapropiada de lo que no le pertenece por derecho, no se librará de pagar su "deuda" de un modo u otro, y siempre multiplicado.

Y es que ya lo dice el refrán: "...Quién siembra tormentas, recoge tempestades…"

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