Por muy rocambolesco y anacrónico que parezca, en Granada una jueza de Primera Instancia ha dictado un auto resolviendo que un niño de 8 años deberá hacer la catequesis. No cabe interponer recurso alguno contra esta resolución. Sus padres están separados. El menor vive con su padre quien, afirma su progenitora, no es creyente y tienen la nulidad matrimonial. Sin embargo, prosigue su madre, se ha empeñado en que haga la primera comunión y la jueza le ha dado la razón.

La madre ha alegado que este auto va en contra de la libre disposición de elegir una religión u otra o de no confesar ninguna.

Por otra parte, también ha declarado en la denuncia interpuesta que no se ha tomado en cuenta, en modo alguno, la voluntad del menor. Para más inri, el padre no es creyente.

¿En qué datos se basa la magistrada granadina para tomar dicha resolución? En unos hechos que, aún considerándolos la autoridad jurídica de derecho, no dejan de pertenecer al ámbito privado. A saber: en primer lugar, que los progenitores celebraron matrimonio canónigo, comprometiéndose ambos a educar a su prole en la confesión católica.

Por otra parte, en que accedieron al bautismo de su hijo, ratificando su educación cristiana. Y, en tercer lugar, que su madre no ha acreditado que recibir catequesis suponga para el menor ningún riesgo o perjuicio, al contrario, es un acto acorde a la decisión y trayectoria que ambos tomaron desde el momento que se unieron delante del altar.

Dicho lo dicho y visto lo visto, el menor tendrá que hacerse presente en la parroquia para recibir religiosamente la preparación para la comunión en las próximas semanas, aunque no cuente con el beneplácito de su madre y no se haya escuchado qué opina de este asunto su hijo que algo tendrá que decir de este asunto.

No obstante, la madre dejó claro que lo que se pone en tela de juicio con esta sentencia es la Libertad religiosa o de credo en un sistema aconfesional como el que se identifica el Estado español. ¿O es que la separación que establece la actual Constitución española entre Iglesia y Estado ya no tiene vigencia o ha entrado en una espiral de olvido institucional? ¡Que aproveche!

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