Nadie podría haber imaginado que un joven doctor de Derecho y ciencias políticas de la Universidad Complutense, pudiera arremeter con tanta viveza y fuerza sobre los dos grandes partidos que se reparten desde hace décadas la voluntad individual del pueblo español. Y parece que tras tantos e incalculables escándalos de corrupción de todo tipo y de todo color, la fuerza novísima de Pablo Iglesias (coincidencias históricas incluso por su nombre) irrumpe en el sondeo del CIS con tal virulencia que ha paralizado el sistema de encuestas de este organismo oficial.

Según apuntan todos los resultados, la formación política Podemos estaría pisando los talones al PP o, incluso, se convertiría en la primera fuerza política en intención de voto directo. Eso son los hechos que, a mediados de la próxima semana serán oficiales. Mientras tanto, tendremos que esperar y pronosticar todo tipo de conjeturas. No obstante, sí es cierto que los dos grandes partidos políticos, PP y PSOE, viven muy contrariados los futuribles resultados que puedan salir de ese Organismo.

¿Y es para estar asustados? ¿O es para entonar el "mea culpa"? El caso es que una inmensa mayoría de la población española, entre los que me encuentro yo también, vivimos algo desesperanzados el hecho político en los últimos cinco años. Y la razón es bien clara: sueldos congelados, incremento de los precios, incluso los de primera necesidad, bajada de calidad educativa, sanitarias, servicios sociales y, a la par, personas que considerábamos muchos de nosotros honradas y honestas y que, al estirar un poco de la manta, han salido todo tipo de delitos de índole económico que afecta a la confianza de nuestra conciencia y que nos ponen al borde de "un ataque de nervios".

Es comprensible, por estos y otros muchos motivos, que esa fuerza política, de cuyo nombre no me gustaría acordarme, convenza a la gran mayoría de los "indignados" sin apenas haber hecho más que un buen marketing de diseño lingüístico y con unas aparentes formas humildes de presentación de su cortejo. Pero no es oro todo lo que reluce ni fácil lo que presentan. Hacer una reflexión serena, con perspectiva de lo que podría suponer el liderazgo del gobierno español en sus manos, es necesario para una buena salud física e institucional.

Que no están en forma los partidos clásicos y se les puede acuñar de mentirosos, oportunistas y groseros para con su gente, estoy de acuerdo, pero tengamos en cuenta que lo que se puede destruir es mucho mayor que lo que ya ha caído, también hay que tomarlo en consideración. Por lo menos a mí no me convence que las "nuevas castas" no lleven coches de lujos o ropa de marca o sueldos desorbitados. Lo que me convence es que se mantenga la paz social, que vaya habiendo progreso material y espiritual y que funcionen los organismos institucionales de la nación española para que todos podamos vivir con dignidad, igualdad y libertad.

¡Que aproveche!

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