El Ministerio de Agricultura usurpa un año más la Fiesta Popular de la Trashumancia. Desde el año 1994 el Concejo de la Mesta y la Asociación Trashumancia y Naturaleza, junto a otros grupos culturales y asociaciones de ganaderos de toda España, venían organizando la Fiesta de la Trashumancia. Esta celebración respondía a tres motivaciones fundamentales: por una parte servía para hacer aún más sólidos los lazos de unión entre las distintas asociaciones que defienden la trashumancia en España. La fiesta era un lugar de encuentro y en ella estaban representadas las ganaderías autóctonas de distintas regiones españolas.

Además de ello, la Fiesta tenía un claro carácter divulgativo intentando trasladar a la opinión pública los beneficios sociales, económicos y ecológicos de la actividad trashumante. El hecho de atravesar algunas de las calles y plazas más señeras de Madrid, daba visibilidad a una actividad amenazada y en declive.

Y por último, y no menos importante, la Fiesta Popular de la Trashumancia era un espacio para la reivindicación y la exigencia al Gobierno de una actitud más activa en la defensa de las vías pecuarias. El referente más importante de la tradición trashumante es hoy la Asociación Trashumancia y Naturaleza, recientemente premiada por la Fundación BBVA por su trabajo en la conservación de la diversidad.

Pues bien, en las últimas semanas tanto en su página web como en las redes sociales la Asociación denuncia la "usurpación" por parte del Ministerio de lo que antaño fue una "celebración reivindicativa y abierta a la participación de todos". Según la Asociación el Ministerio pretende "pervertir así desvergonzadamente el espíritu de esta celebración".

El origen de esta celebración se fecha en 1994 cuando un rebaño trashumante del pastor Cesáreo Rey, considerado una leyenda viva de la trashumancia, bajaba desde la Cordillera Cantábrica hacia Extremadura. El ecologista Jesús Garzón, uno de las figuras proteccionistas más relevantes de la península, le propuso tomar la cañada real, atravesando el centro de Madrid, para reivindicar el paso de los rebaños por la capital que venía produciéndose desde el siglo XIII.

La repercusión mediática que entonces tuvo a nivel internacional y nacional hizo que desde entonces ese paso se celebrase ininterrumpidamente como Fiesta de la Trashumancia. Ininterrumpidamente hasta que hace tres años, sin más, el Ministerio anunció de modo unilateral que a partir de entonces serían ellos quienes organizarían la celebración. Desde entonces, las asociaciones en defensa de la trashumancia están al margen de estos actos y su fiesta ya no es su fiesta.

En efecto, durante la marcha de los rebaños por Madrid, ningún representante de la trashumancia tomó la palabra. Sí la tuvo, sin embargo, el Secretario General de Agricultura y Alimentación, Carlos Cabanas, quién se felicitó cínicamente por "apoyar e impulsar" esta celebración que ahora se ha convertido en un mitin de autobombo donde el Gobierno se elogia a sí mismo.

La trashumancia de ganado ha tenido y sigue teniendo una importancia capital en el sostenimiento de las economías de los pueblos, en la biodiversidad y en el equilibrio biológico de la península. Y como bien saben, y no se cansan de denunciar las asociaciones que verdaderamente sí defienden esta actividad ancestral, los peligros que la acechan no son palabras difusas como "el progreso". No, entre otras cosas, está en riesgo por los comportamientos de unas administraciones públicas, central y autonómicas, que no solo mantienen una actitud de dejación de funciones en la defensa de las cañadas sino que, en muchas ocasiones son manifiestamente hostiles al trabajo de los pastores. Eso sí, hasta que se tienen que poner la medallita.

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