El imposible intento de consulta que quedó en una encuesta popular por obra y gracia del gobierno de Mariano Rajoy, demostró que el pueblo catalán, o una gran parte de él, no tuvo miedo a las amenazas recibidas desde diversos lugares (prensa, televisión, declaraciones directas de varios gobernantes, infinidad de integrantes de grupos radicales de extrema derecha, militares retirados con mucho odio en sus venas, mentes manipuladas desde pequeños para creer que los catalanes somos el diablo, etc) y salió de sus casas para introducir la papeleta en la urna de cartón colocada al efecto para que su voz fuera escuchada.

Aunque no tuviera validez legal. Aunque no tuviera validez judicial. Da igual. Lo que interesaba era que el mundo supiera que muchos catalanes quieren que esto cambie, y eso nadie lo puede negar ya.

Y por el simple hecho de querer hacer escuchar su voz, su deseo, se les ha venido encima una explosión de insultos aún mayor. Una ola de descalificaciones hacia los catalanes que quieren cambiar su futuro se puede ver en las redes sociales, donde no dejan de hablar en modo peyorativo de esta parte de la ciudadanía que, a pesar de todo, aún pertenece a España y que muchas veces han dicho que, como son españoles, también se les quiere.

Queda claro que ese "cariño" es solamente una hipocresía en la que apoyar sus argumentos insostenibles, ya que no le llamas todas esas cosas a alguien que, previamente, le has dicho que lo quieres, como español que es.

Es comprensible. Es producto de su rabia al ver que, pese a las prohibiciones, han desobedecido al TC y al gobierno y han hecho algo tan ilegal como es votar. Como dijo hace poco menos de un mes la presidenta del PP de Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, "que no se pueda votar es un éxito de la democracia".

Esa frase define a quien la expresa, no tiene mucho más que decirse sobre ella, no hay otra valoración posible. Y eso, a todos los que se reían diciendo que no se iban a celebrar ni Referéndum, ni consulta popular, ni "butifarréndum" ni nada, que se iban a intervenir las urnas, en el hipotético caso que se atrevieran a colocarlas en los colegios electorales, claro, estando amenazados de ser detenidos los directores de esos centros de educación y los funcionarios que lo apoyaran, les ha hecho mucho daño.

Y se lo han buscado ellos mismos, porque ya lo dice el proverbio chino "Procura que tus palabras sean dulces, porque puede llegar el día que tengas que tragártelas".

Y así ha sido. Lo que ellos decían que no iba a suceder, ha sucedido. Ahora se centran, todo bien adornado con calificativos peyorativos y ofensivos de la más baja estofa, en denigrar y descalificar los resultados del recuento de las papeletas que llegaron a las urnas y de los métodos que se utilizaron para realizar esta consulta, ridiculizando desde su ira todo lo sucedido el domingo pasado en Cataluña, desfogándose de esa manera para evitar que toda la bilis y el veneno que se les está acumulando en su interior les pueda llegar a provocar lesiones internas de gravedad.

Por todo ello, los catalanes están reaccionando, en una amplia mayoría, con tranquilidad, sin responder a esas provocaciones, con calma y asumiendo que es algo que les acerca un poco más a su deseo de independencia. Ahora, a esperar qué pasos piensa dar el gobierno central y qué camino piensan tomar los partidos favorables a la causa soberanista.

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!
Haz clic para leer más