Todo empezó el 11 de Septiembre de 2013, en la Librería Blanquerna de Madrid, que se encuentra en la calle de Alcalá, no lejos de la Plaza de la Cibeles y enfrente mismo del Círculo de Bellas Artes. Es una librería a la que voy yo a comprar con mucha frecuencia, pues pertenece a la Generalitat catalana y vende libros escritos y traducidos al catalán.

Se celebraba la Diada Nacional de Catalunya, y en la planta baja de la librería se encontraban diputados catalanes en el Parlamento español y mucha gente invitada o que entraba a comprar libros.

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Todo normal.

Pues no es que sonara el tema principal de John Williams para "Tiburón", ni el de Bernard Herrmann para "Psicosis" (la del asesinato en la ducha, claro), ni tampoco el de Jerry Goldsmith para "La profecía" (el "Ave Satani", con esos coros religiosos cantando en latín un himno que en realidad es satánico), pero ocurrió algo repentino que cambió radicalmente el ánimo de la gente presente. Y cualquiera de esas músicas no hubiera desentonado nada para lo que ocurriría.

Varios individuos de aspecto siniestro, unos con la cara tapada y otros descubierta, entran en la librería pegando gritos, amenazando a los presentes, destrozando la bandera catalana que había allí, rompiendo varios cristales y peleándose con varios diputados.

Todo lo grabaron cámaras de televisión y de gente presente, se ha visto en todas partes y se identificaron a aquellos salvajes. Fueron detenidos y juzgados, pero (esto es lo que más me fastidia) sólo recibieron multas ridículas.

Un año después, la librería ha tomado medidas de seguridad para evitar nuevos ataques vandálicos. Y más aún cuando Artur Mas comparece allí para una rueda de Prensa después de hablar en la Moncloa con Mariano Rajoy.

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Me acerqué por allí a ver qué pasaba, y aunque veía algunos fachas con camisa azul de la Falange para manifestarse, pensé que no pasaría nada, que todo estaba controlado. Incluso entré en la librería para comprar algo y me fui cinco minutos después a casa.

Ya en casa, miro Twitter y veo que alguno de esos fachas consiguió burlar las medidas de seguridad y se presentó desafiante ante Artur Mas en plena rueda de Prensa. Al President no le tembló el pulso y no hizo caso a los ademanes de machito ridículo del energúmeno que le amenazaba.

Pensé que la extrema derecha tiene una obsesión con lo catalán y lo ha convertido en su deporte favorito, como lo de los gladiadores en el circo romano con los esclavos cristianos.

Casi dos meses después, pocos días antes del 9-N, que parece que tampoco se podrá celebrar como estaba previsto de la nueva manera, los partidos pro consulta catalana celebrarán una reunión en el Ateneo madrileño, lugar donde tuve la suerte de que hace meses pusieron un documental sobre la matanza de un pueblo del Norte francés donde hace 70 años se refugiaban exiliados españoles y catalanes.

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Los nazis fusilaron a los hombres y quemaron vivas a mujeres y niños prendiendo fuego a una iglesia en donde los encerraron. Algo que Francia, por cierto, siempre ha admitido y enseña a sus niños que nunca debe volver a ocurrir, al contrario que aquí.

Con el mismo espíritu de tolerancia del Ateneo, diputados como Joan Tardà (ERC) o David Fernández (CUP), entre otros, acuden allí. Nuevamente se subestimó el poder de organización de la extrema derecha en cuanto a formar jaleo, insultar a quienes no piensan como ellos y que sus miembros se comporten como quien maltrata a mujeres indefensas: las medidas de seguridad se limitaban a unos dos o tres policías de paisano.

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Llegó no diré un ejército de fachas, sino casi una treintena de ellos. Esta vez no hubo destrozos, pero la actitud de esta gentuza, porque no se les puede llamar de otra manera, no tiene nada de noble. Así nunca conseguirán el apoyo que quieren, los votos que quieren, la "adhesión inquebrantable" que desean con la misma obsesión que un enamorado se obsesiona con otra persona, incluso por métodos de loco peligroso.

Catalunya demuestra que es un país civilizado, y si va contra esa gente, lo hará con métodos legales, sin violencia. No tendrán esa guerra civil que tanto anhelan los de la Falange. No han salido de la Edad Media en ese tipo de costumbres. Desentonarían incluso en la serie "Juego de Tronos", donde los que mejor caen son el hombre enano y las meretrices.

Pero eso no es todo: el domingo apareció en "El País" un artículo firmado por Ignacio Vidal-Folch titulado "TV3 fuerza la máquina", hablando sobre la TV pública catalana y su estado actual para el articulista.

En todo el artículo no hay una sola mención positiva sobre TV3, a la que califica de canal televisivo manipulado, chauvinista, xenófobo e incluso sutilmente racista, con detalles más propios de un turista que llega a un país extranjero sin saber nada de la cultura local.

No diré que sus informativos sean imparciales, las TV públicas del Estado español, sean cuales sean, han sufrido manipulaciones de los Gobiernos de turno, pero la calidad general de la programación de TV3 es de más calidad que la de muchas cadenas españolas, si la miramos con objetividad, y me refiero a programas que no sean telediarios.

Por qué el articulista, comentando uno de los programas más populares de TV3, "El convidat" (El invitado), donde su presentador, Albert Om, va cada semana a la casa de un catalán famoso a convivir con él dos días y hacerle una entrevista en profundidad, al hablar de su entrevista a Lluís Llach y citar que tiene un criado senegalés (Llach pasa largas temporadas en el país africano donde tiene una ONG), hay un momento que parece querer presentar, sutilmente, a Llach como racista o colonialista, o recordando la homosexualidad del cantante, diciendo sobre el criado: "Tranquilos, que él está casado y tiene hijos".

En su afán por presentar a TV3 como el infierno, dice horrorizarse con el reportaje de "Sense ficció" sobre las relaciones entre Francisco Franco y el Real Madrid, que ya comenté aquí el mes pasado, y que sólo hablaba sobre algo que en Catalunya se habla desde hace generaciones, sin obtener respuesta.

TV3 siempre ha tenido un estilo específico, lo que pasa es que no ha sido nunca comprendido desde Madrid, casi como los de la América profunda y puritana que nunca comprendieron que Francia no condene al infierno a quienes cometan adulterio o engañen a sus parejas con otras, como François Hollande hace meses.

TV3, uno de sus grandes méritos, ha sido el de haber hecho series de mucha calidad, algunas de ellas vendidas a televisiones extranjeras con buenas opiniones de ellas, como "Pulseras rojas" (que ha tenido remakes en EEUU, Italia o Rusia, aparte de haber sido emitida la serie original en Francia, Finlandia, Argentina, etc.), "Tres estrelles" (la genial serie cómica de El Tricicle, humor universal comprendido en todo el mundo) y muchas otras.

Incluso el estilo actual de las telenovelas españolas se debe a TV3, que hace justo 20 años estrenó su primer culebrón, "Poblenou", luego emitido doblado al español como "Los mejores años" en Antena 3 TV, que rompía con los modelos latinoamericanos para inspirarse en los europeos, con unos diálogos que quizá chocaban a los espectadores españoles, ya que parecían más de una película francesa de Éric Rohmer, con diálogos con tonos intelectuales en más de una ocasión, incluso dichos por personajes aparentemente no muy cultos, que una típica serie española donde se dice un taco cada veinte palabras o lo más trascendente que se habla es la alineación del Real Madrid de los tiempos de Di Stefano. Incluso rompió ésta serie los tópicos sobre homosexuales, al presentar dos personajes de esta orientación sexual de ademanes varoniles, nada amanerados, ni ridículos, ni tampoco de instintos asesinos. Personajes nobles y tolerantes.

No digo esto último como dando lecciones de hacer series, simplemente es que en Catalunya se habla y se siente de otra manera, quizá por la gran influencia francesa que hay, todos saben que la frontera está a sólo 180 km. de Barcelona. Por qué si al señor Vidal-Folch no le gusta TV3 y cómo ve a España, si viera el cine francés como hago yo, donde en algunas ocasiones, si sale un personaje español, casi siempre lo sacan liado con una francesa (casi nunca con una española) y además sensual y sexualmente activa; sus hijos no hablan español y se visten y maquillan como típicos franceses (sobre todo las hijas, "lolitas" francesas absolutamente seductoras); y las mujeres españolas muchas veces se llevan mal con su marido español y encuentran la felicidad conociendo a un francés (sobre todo como amante, en todos sus aspectos positivos), a ver qué haría él, si exigiría suprimir la cuota de cine europeo en España para que así no llegue más cine del país vecino.

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