Cualquiera puede ser consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Cualquiera puede ser ministra de sanidad en el gobierno español. Ahora bien, para ser un buen consejero o una buena ministra, la causa principal es no pertenecer al partido político que tenga la mayoría en las urnas pues, sólo por ese leve y pequeño molesto detalle, el desinterés y la prepotencia, van casi de la mano.

Javier Rodríguez, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, acusó a Teresa Romero, auxiliar de enfermería contagiada de ébola tras asistir en dos ocasiones al religioso Manuel García Viejo (una para un cambio de pañal y otra para arreglar la habitación tras su muerte), de estar fingiendo su estado.

Ahora, lejos de retractarse de sus insolentes y estúpidas acusaciones, sale al paso siendo aun más grosero diciendo que "no hace falta un máster para ponerse un traje de protección".

Francisco Javier Rodríguez Rodríguez, licenciado y doctorado en Medicina y Cirugía, ha demostrado por su poca elocuencia verbal que por muchos estudios que uno posea, en cuestiones de buenas maneras e inteligencia emocional, esta suspendido desde que nació del vientre materno. Es que sólo le falta decir que Teresa se contagió porque le dio la real gana sin tener en cuenta de que si alguien tiene la culpa del infección contraída por la auxiliar de enfermería de cuarenta y cuatro años, de la muerte de Excalibur, y de las posibles muertes que cause esta falta de previsión fue la Comunidad de Madrid, la Ministras de Sanidad Ana Mato (que fue la primera que para no ser contagiada estuvo incluso desaparecida durante el traslado de los afectados de ébola a su comunidad) y el Presidente del Gobierno por permitir que todos ellos no controlaran de mejor manera tanto la información, como la instrucción de los miembros del servicio médico, como de todo lo que estuvo vinculado con un traslado que nunca debería haberse efectuado.

Hoy, en una entrevista en la cadena ser, Rodríguez ha declarado "si tiene que dimitir, dimitirá". Quizás sea lo único medio inteligente que haya dicho en los últimos días. Aunque para ser verdaderamente coherente con su propio discurso debería haber dicho: "¡Sí! Me equivoqué. Tengo que dimitir. Teresa no fingió nada. Además, deberíamos ser Ana Mato y yo los que deberíamos haber demostrado que no había peligro de nada. Pero sabíamos que era un verdadero suicidio. Por eso, no fuimos hasta que todo hubo pasado.

¡Lo siento!". Pero claro, esa declaración implicaría lo que ya es un secreto a voces: no se hizo lo adecuado para que el contagio de una enfermedad mortal se propagara.

De momento, Teresa, sigue luchando por sobrevivir. Tras haber superado un fallo respiratorio y pese a presentar una patología de grave afección, su vida sigue corriendo grave peligro. Se le está suministrando un suero extraído de las defensas de la hermana Paciencia, que consiguió superar la enfermedad. Sin embargo ha empeorado y a los médicos del centro, no les dejan informar más de lo que lo han hecho.

Es doloroso saber que tu vida puede acabar en unas pocas horas. Pero lo verdaderamente bochornoso es tener que escuchar que fingías, que no estabas enferma, que ocultabas datos, que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. ¿No basta con morir por un país por una grave negligencia de información médica? Parece ser que, que pese a no quede nada para la última fase de la enfermedad, el que te hayas contagiado y sacado a la luz la horrible gestión de la crisis del ébola en España por el Ministerio de Sanidad es un grave contratiempo para todos ellos.

La vida es corta y si vives en España, con el sistema médico, tratamiento sanitario y demás, que sobrevivas es verdaderamente todo un reto. ¡Ánimos Teresa! Recupérate pronto.

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