El peso de las palabras y su fuerza es increíble. Aún recuerdo cuando mi profesor de literatura me contó la historia de un monje que se pasó toda la vida sin pronunciar una palabra. Llegado el ocaso de su vida y la vejez se hizo visible en su cuerpo entero de su boca salió una única palabra: 'Fuego'. En ese mismo salió prendido en llamas para perecer. No sé si era una fábula, una historia real adecuada al momento, o simplemente una invención oportuna. Lo que sí me quedó francamente muy claro, cristalino, fue que a veces es mejor callar y que el silencio te rodee antes de ser partícipe de un vómito injustificado de palabras sin sentido.

Pero claro, nuestros políticos españoles no tuvieron la enorme suerte que yo tuve al existir a una educación pública de calidad y obviamente, no fueron instruidos, al igual que yo, en el arte de la palabra.

Lejos de compartir la política del President de la Generalitat de Catalunya Artur Mas, lo que está claro es que el Presidente de España, en cuestión de interpelar un discurso coherente del hecho de que Cataluña no puede votar, se atropella con su propia lengua.

Mariano Rajoy, sin citas que sostenga su incoherente verborrea lingüística, dijo literalmente a Artur Mas lo siguiente: 'La primera obligación de un gobernante es cumplir la ley'.

¡Madre mía! ¡Sublime! Y tendría mucho más valor si justo cuando uno alcanza un puesto político no quedara aforado, es decir, libre de tener que justificar sus acciones de forma legal a los ojos del estado.

¿Comprendéis ahora la fuerza de las palabras? A mí me dice mi antiguo profesor, esta frase y como ciudadano que está obligado a cumplir la legislación vigente, me quedo no sólo maravillada sino expectante. Pero claro, a mí la dice Rajoy y me da por reír pero por pena de ver la poca fortaleza en sí misma que muestra.

Es más, si el "pilar" político de referencia en España (por su cargo de Presidente del Gobierno obviamente) que resulta que también es el dirigente de uno de los partidos político más votado en nuestro país no se encontrara actualmente implicado, en menor o mayor medida, directamente, tanto él como sus compañeros, en varios casos de corrupción política y malversación de fondos públicos, incluso las palabras tendrían más validez al decirlas. Sin embargo cuando Rajoy le pide a Mas, como máximo responsable del Govern Català, cumpliendo la ley es como el que le dice al caco le dice a otro: '¡Cuidado ladrón!'

En definitiva creo que todo esto de la votación se está llevando muy al límite de la exageración.

Ningún gobierno debería impedir que el pueblo, sea de donde sea, se exprese libremente. Es más, nadie debería dejar a ningún gobierno de ninguna nación de las que forma Europa, vetar el derecho de expresión de las personas a elegir de forma democrática mediante un voto, como desean que sea su futuro. ¿Qué no son unas elecciones? ¡No! No son unas elecciones políticas pero sí unas elecciones en un momento en que la constitución española se ha tocado tanto y tan a la ligera, que francamente ya ha perdido todo su sentido.

Pero claro, dar la libertad y ahora ansiar volver a ponerles los grilletes porque es necesario que se vuelvan a callar y que hagan mucho ruido. ¡Eso no! Si Cataluña se le dio con el Pacto del Majestic unas competencias propias, con el Estatuto de Autonomía que lo recortaron a más no poder una forma de legislar su comunidad, no pueden ahora, porque sí, porque yo lo digo, vetar una ley firmada desde el Govern Català en pos de salirse con la suya y poco más. Si las leyes solo sirven para eso, para no dejar que alguien quede por encima de otro a los ojos del mundo, está claro que algo en el interior de este país no va nada bien.

Si es lo que yo digo y punto, a eso no se le llama democracia. Eso se conoce como dictadura y no hay nada más que hablar. ¿Por qué? Porque lo digo yo.

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