Habitualmente cuando la prensa española cubre los congresos de los dos grandes partidos la noticia tiene un tono amable, distendido, de celebración simpática. Normalmente, debido al férreo control de los aparatos sobre la militancia, ya se conoce con anterioridad el resultado de las votaciones, y los congresos no pasan de ser más que una mera puesta en escena teatralizada de aclamación al líder. Así, los periodistas, huérfanos de emociones políticas, se complacen en contar chascarrillos, cotilleos y anécdotas chuscas más propias de la crónica rosa que de la información seria.

Nada que ver, desde luego, con el tono que han empleado para referirse a la Asamblea Política "Sí se puede", que despierta una indisimulada antipatía en las páginas de la prensa escrita española, firme defensora del bipartidismo y el régimen de la transición.

Así, cada cabecera tienen un papel en este reparto de polis buenos y malos y, mientras La Razón, ABC o El Mundo, se dirigen hacia los sectores más frikis de la derecha ultramontana española, es el periódico monárquico El País al que no le queda más remedio que adoptar la función del tonto útil del poder, por ser el que todavía tiene un cierto predicamento en las clases medias y el sector progresista moderado en España.

El País, publicación del Banco de Santander y Telefónica, identificó desde el principio a Podemos como su enemigo principal. El propio Emilio Botín, que ejercía de director in pectore del rotativo, manifestó poco antes de morir que el crecimiento de esta fuerza política era lo que más preocupación le causaba en la situación actual.

No por supuesto el empobrecimiento de millones de españoles y la rapiña de la clase política. Claro que no. Su preocupación era Podemos.

A ese respecto, el periódico publicitario El País fue pasando desde una actitud desdeñosa, ignorando todas las noticias que generaba Podemos, a una creciente hostilidad que se percibía en informaciones sesgadas e indignas de un periodismo serio como la titulada: "La fundación relacionada con Podemos cobró 3,7 millones de Chávez", que enumeraba los pagos a una Fundación que desapareció dos años antes de la existencia de Podemos.

Este y otros artículos similares podrían estudiarse en las facultades de periodismo como ejemplo de manipulación torticera.

Como este tipo de argucias y calumnias no han detenido ni el ascenso de Podemos ni la decadencia del bipartidismo que tanto preocupa a este periódico (recordemos el cómico titular: "El bipartidismo recupera vigor antes de las elecciones europeas", El País, 6-05-14), empezaron a aparecer los artículos de opinión, singularmente los firmados por su mamporrero mayor, Antonio Elorza, que lleva, nada menos, que cinco artículos dedicados a la demonización de Podemos y Pablo Iglesias.

Esta mañana la publicación bancaria subtitula su editorial con la frase: "Cuanto más se les escucha, más suenan a lo mismo: populismo, personalismo, manipulación", para luego lanzarse ya a definir a Podemos, formación que, recordemos, se organiza desde la democracia horizontal y directa, como una organización que lanza "un ataque generalizado al sistema" y que "está dispuesta a operaciones que no tienen que ver con el respeto a los principios democráticos y al juego limpio en las urnas". ¿Sugiere El País un golpe de estado?

Resulta evidente que todas las fuerzas del sistema ya han dejado de guardar las apariencias. Cuando todavía quedan meses para los procesos electorales que se avecinan, la guerra periodística y editorial que nos aguarda promete pasar a la historia.

Que venzan o, por el contrario, pierdan los últimos jirones de su maltrecha credibilidad, será la prueba de fuego que nos descubra la existencia de una ciudadanía más libre, crítica, consciente y comprometida con la realidad en la que habita.

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